Conocer al pueblo para un programa revolucionario (Parte II)

Autor: Carlos Alarcón. 
Publicado en su primera versión por la revista Amauta Siglo XXI, N.° 17

En nuestro anterior artículo, destacamos la importancia de comprender los verdaderos intereses de las distintas clases sociales para diseñar un programa revolucionario que conecte con el sentir del pueblo. Ello requiere un análisis científico de nuestra realidad para identificar sus problemas fundamentales. En ese sentido, mencionamos que el capitalismo continúa proletarizando a la población, y empobreciendo a campesinos y pequeños productores urbanos al privarlos de sus medios de producción básicos, dejándolos solo con su fuerza de trabajo. A este gran número de trabajadores, se le suman sus hijos, quienes también se incorporan al mercado de trabajo, haciendo en conjunto una gran masa proletarizada con o sin calificación, que pugnan por encontrar un capitalista que les compre o alquile su fuerza o capacidad de trabajo.

Esta situación se ve agravada por la introducción de nuevas tecnologías que reducen la demanda de mano de obra, disminuyendo así la capacidad del capitalismo para ofrecer empleo digno. Este proceso de proletarización de campesinos y artesanos rurales no se ha detenido. En el censo de 1972, la población rural representaba el 40%, mientras que en el 2017, apenas llegaba al 21%. Además, señalamos que el 83.5% de la población económicamente activa (PEA), está compuesta por trabajadores independientes y asalariados, y profundizamos en la situación de los trabajadores independientes. Ahora nos enfocaremos en los trabajadores asalariados; los que si logran conseguir un empleo, o dicho de otro modo, quienes logran conseguir un capitalista que les compre su fuerza de trabajo.

Para el 2021, los trabajadores asalariados en el Perú eran alrededor de ocho millones de personas, quienes constituían el 45% de la PEA ocupada, cifra que por razones de la pandemia del COVID 19, habría disminuído en relación a años anteriores. Estos trabajadores, han sido una fuerza económica, social y política crucial en nuestro país, y desempeñaron un papel histórico e importante en el siglo pasado, pese a que en la actualidad, su capacidad de organización gremial y política se ha visto considerablemente debilitada, debido a la contraofensiva neoliberal y a la incapacidad del capital para generar empleo digno, lo que ha generado que un gran sector de trabajadores, estén laborando dentro de las micro empresas, que sólo garantizan empleos precarios.

Trabajadores débiles y dispersos por la contraofensiva neoliberal

La fuerza política y económica de los trabajadores asalariados se gestó desde principios del siglo pasado. Rápidamente demostraron su capacidad política en la lucha por la jornada laboral de ocho horas y en la formación de la Confederación General de Trabajadores del Perú CGTP junto a José Carlos Mariátegui, cuyas heroicas acciones de lucha realizadas en la década de 1930, fueron brutalmente reprimidas hasta la desaparición de su primera central sindical.

Luego, en un proceso marcado por avances y retrocesos, los trabajadores fueron fortaleciendo su convicción e identidad clasista, desde su reorganización sindical en la Central de Trabajadores del Perú CTP y las jornadas de lucha del año 1948, hasta su revitalización en las décadas de 1950 y 1960, que culminó con la reestructuración de la nueva CGTP, y la posterior derrota de la dictadura militar de Morales Bermúdez, mediante los paros nacionales de 1977 y 1978.

A pesar de los golpes recibidos, como fueron los despidos masivos durante estos años, los trabajadores mantuvieron su organización y combatividad de clase, evidenciado en los paros nacionales de la década de 1980; y la histórica huelga nacional minera de 1988 por el Pliego Nacional Minero, durante el primer gobierno aprista de Alán García. Aunque esta última huelga no logró su objetivo central por diversos factores, un elemento central fue la reticencia de la burguesía minera para aceptar las demandas, ya que ello significaba reconocer y otorgarle un tremendo poder político a los trabajadores mineros y a las fuerzas políticas que en aquel entonces, los lideraban. La nueva gran burguesía, consolidada a fines de los años ochenta del siglo XX, junto con el gran capital imperialista, reconoció claramente que los trabajadores avanzaban a constituir una gran fuerza política que amenazaba su dominación de clase, y comprendieron rápidamente que debían ser derrotados y desmantelados, es en este contexto, en la que se inicia la contraofensiva neoliberal.

Políticamente la contraofensiva neoliberal no tuvo gran problema con la autodisolución de las agrupaciones de izquierda centralizadas en Izquierda Unida (IU). Contra los trabajadores impuso la flexibilización laboral, la desarticulación del movimiento sindical mediante despidos masivos, la restricción de su organización, la privatización de empresas estatales, el desmantelamiento de los sindicatos, la imposición de requisitos para la negociación colectiva y la huelga;  y la expansión y consolidación de la tercerización laboral. Esta última, jugó un papel crucial al transferir la responsabilidad del empleo a subcontratistas denominados «servis», con contratos temporales que se dieron en principio para actividades temporales, pero luego se generalizaron a todas aquellas áreas de interés para la burguesía. La privatización de las empresas estatales, generó que miles de trabajadores con contratos indefinidos fueran despedidos, y sus puestos entregados a estos subcontratistas, quienes luego, los volvían a incorporar, pero con contratos temporales, perpetuando la inseguridad laboral.

El gran capital nacional e imperialista, es incapaz de generar trabajo digno

El otro elemento que explica la situación actual del movimiento laboral, es la naturaleza del capitalismo que tenemos. Como indicamos en nuestro artículo anterior, el gran capital dominante es incapaz de general trabajo digno más que para una minoría del proletariado, pero que no cesa de generarlos, haciendo que la competencia por lograr un puesto de trabajo sea cada vez más ardua, obligando al proletariado a calificarse para tener la oportunidad de lograr un empleo digno.

Esto ha dado lugar a que la educación, siendo un derecho inalienable para todos, se haya convertido en un suculento negocio para la burguesía, proliferando los colegios y centros de enseñanza superior particulares. A pesar de ello, muchos trabajadores no consiguen vender su fuerza de trabajo ni al Estado ni a la burguesía. Aquellos que no lo logran, a menudo emigran a otros países en busca de mejores oportunidades laborales1Más de tres millones y medio de peruanos emigraron en los últimos 33 años. INEI, Nota de prensa Nº 192, 17 de diciembre de 2023., mientras que otros se ven obligados a establecer pequeños negocios para sobrevivir como trabajadores independientes.

El sector empleador dentro de la PEA es pequeño y mayoritariamente débil; en el 2018 representaba el 4% y para 2021, debido a la pandemia de COVID-19, había descendido al 3.26%, con poco más de medio millón de personas empleadas2INEI, Indicadores de empleo e ingresos por departamentos 2007-2021, Cuadro Nº 2.5, p. 52. La gran mayoría de estos empleadores son microempresas que sólo pueden proporcionar empleo hasta 10 trabajadores.

Desde otra perspectiva, esto significa que el 76% de los trabajadores en 2021 laboran en microempresas. Estas empresas, como mencionamos anteriormente, suelen tener capitales limitados y no pueden acumular capital, lo que se refleja en la baja calidad de los empleos que ofrecen. La escasez de empleo y la intensa competencia entre los proletarios, los obliga a aceptar salarios inferiores al mínimo vital, sin derechos laborales y sin posibilidades de sindicalizarse. Según la misma fuente, el 17% de los trabajadores laboran en empresas grandes, que emplean a más de 50 trabajadores, pero esto tampoco garantiza un empleo digno.

En 2021, solo el 9% de los trabajadores asalariados privados contaban con contrato de trabajo indefinido, mientras que el 59% trabajaba sin contrato. Aunque en el sector público parecía haber una situación mejor, con el 98% de los trabajadores con contrato formal, en realidad el 57% de estos contratos son temporales y no garantizan estabilidad laboral ni el respeto de los derechos laborales, como el trabajo que dura más que las ocho horas diarias, sin reconocimiento del empleador de las horas extras laboradas. En el sector privado, un 33% de hombres y mujeres trabajan con contratos temporales3INEI, Perú: Indicadores de empleo e ingresos por departamentos, 2007-2021, Cuadro Nº4.4, p. 307..

En estas condiciones, ningún contrato garantiza el respeto de los derechos laborales, y las leyes de protección al trabajador son constantemente violadas. Esto crea un clima de temor que obliga a los trabajadores a aceptar cualquier vulneración de sus derechos y de su dignidad humana, con tal de mantener su empleo. La burguesía nacional intenta justificar la precaria situación de los trabajadores asalariados echando la culpa a la informalidad del empleo, pero en realidad, ningún contrato garantiza el respeto de los derechos laborales y las leyes de protección al trabajador son permanentemente violadas.

El temor a perder el trabajo, un arma de la burguesía contra los trabajadores

La flexibilización laboral, la tercerización y los sistemas de contratación temporal, son una espada de Damocles, representan una amenaza constante a la vida de los trabajadores y la de sus familias, generando un temor palpable al despido. Con este temor se subyuga al trabajador, obligándolo a aceptar violaciones a sus derechos y a su dignidad humana. Por ejemplo, los salarios no alcanzan para cubrir necesidades básicas, y aquellos con contratos indefinidos y sindicalizados deben recurrir a horas extras para complementar sus ingresos, mientras los que no tienen contrato o cuentan con contratos temporales, trabajan aún más horas sin compensación.

Este temor a perder el puesto de trabajo es la  principal causa de la debilidad de las organizaciones sindicales, ya que muchos trabajadores evitan sindicalizarse, participar en huelgas o exigir mejoras salariales y respeto a sus derechos laborales. Esta es la razón de porque en el 2017, solo el 5% de los trabajadores asalariados del sector privado y el 16% del sector público, estaban afiliados a un sindicato4PLADES, Programa Laboral de Desarrollo (PLADES), Informe laboral 2014-2018, p. 40, PLADES, Lima, 2019.

La burguesía, conscientemente, alimenta este temor y busca trabajadores sumisos, promoviendo una mayor flexibilización laboral, y restringiendo aún más los derechos de los trabajadores, mediante leyes anti laborales, lo que fortalece cada vez más su despotismo en la empresa. La tan pregonada libertad, igualdad y democracia, no existen en la fábrica ni en las instituciones estatales, la dictadura burguesa se impone mediante leyes antilaborales, que se aprueban permanentemente para restringir la estabilidad laboral, el derecho a la sindicalización, a la huelga, etc. Por eso, ahora buscan la flexibilización absoluta. Los representantes de la gran burguesía nacional y del imperialismo, recurren a diversas argucias para alcanzar sus objetivos. 

Así por ejemplo, el economista Roberto Abusada, en su artículo “Desastre Laboral” publicado por el diario El Comercio en mayo de 2019,  finge solidarizarse con la desgracia del trabajador peruano, y pregona que sus principales e indeseables características son la informalidad, la precariedad y la baja productividad. Nos dice: Una enorme proporción de peruanos trabaja en la informalidad, es decir, privados de derechos laborales mínimos. Los trabajadores informales en el Perú son la abrumadora mayoría: algo más del 72%”.  Pero, luego revela el verdadero motivo de sus condolencias hacia el trabajador;  señalando que entre las causas de esta situación: existen dos que parecen explicar buena parte de este fenómeno: las dificultades burocráticas que encarecen la contratación formal, y la inflexibilidad de las leyes que rigen la contratación y el despido de trabajadores.” Termina su artículo sentenciando que: “Ha llegado el momento en que se plantee una verdadera reforma laboral que incluya mayor flexibilidad, y reglas simples y realistas de cumplimiento generalizado”5Roberto Abusada, “Desastre laboral” 16-05-2019, El Comercio, https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/desastre- laboral-roberto-abusada-noticia-635722..

La gran burguesía, incapaz de pensar sinceramente en los problemas de los trabajadores, busca aprovecharlos para imponer sus intereses de clase. La argumentación de Roberto Abusada se reduce a decir: «La precaria realidad laboral se debe a una legislación, que no permite a la empresa despedir libremente trabajadores, lo que encarece sus costos, y le impide crear empleo formal”. Este discurso no es nuevo; ha sido repetido durante más de medio siglo por la gran burguesía: “Concederme todas las facilidades y privilegios para invertir, y crearé empleo para todos «.

Para la burguesía y sus representantes políticos, la reforma laboral instaurada durante el gobierno de Alberto Fujimori en los años 90 ahora resulta insuficiente y, en algunos casos, incluso la critican como «pretendidamente progresista». Algunos analistas, como el expresidente ecuatoriano Correa, arguyen que la lucha de clases ya no existe, por la debilidad y dispersión de los trabajadores, o porque ya no se realizan jornadas de lucha como las del  siglo pasado. No obstante, esta visión no profundiza en las causas que explican la actual situación de subyugación de los trabajadores, quienes carecen de la capacidad para defender sus intereses de clase. Mientras tanto, la realidad evidencia cómo el capital continúa defendiendo sus intereses y erosionando aún más los derechos laborales. La lucha de clases persiste, aunque una de las partes se encuentre desarmada y sometida, sin capacidad para articular una respuesta efectiva.

Organizar la lucha por la estabilidad laboral y la organización de los trabajadores sin restricción alguna.

Los trabajadores y la izquierda tienen que ser claros, y enfatizar que se debe luchar por la restauración de la estabilidad laboral y eliminar toda forma de flexibilización laboral, la tercerización del trabajo y todo tipo de contratos temporales, volviendo a adoptar la contratación laboral indefinida. Además, es crucial eliminar todas las restricciones a la organización sindical, la negociación colectiva y al derecho a la huelga, tanto en el sector privado como en el público.

Solo a través de organizaciones sindicales sólidas y trabajadores conscientes de sus intereses de clase, se puede evitar que el gran capital continúe recortando los derechos laborales y recuperar el derecho a una jornada laboral dignamente remunerada, así como el acceso a la seguridad social a través de un sistema de salud universal y pensiones que garanticen una vida digna. También es fundamental promover un medio ambiente urbano y rural saludable, en armonía con la naturaleza.

Estas son las banderas que deben unificar a todos los trabajadores en un movimiento de lucha único, que debe manifestarse en cada una de sus movilizaciones y convertirse en los objetivos a conquistar en la nueva constitución por la cual el pueblo está movilizándose a nivel nacional. Estas son las demandas de los trabajadores asalariados que deben unirse a las de otros sectores populares, como los trabajadores independientes, los campesinos, las comunidades originarias, las amas de casa, las mujeres, los estudiantes, los pueblos del Perú profundo, los niños, los jóvenes y los adultos mayores. Todos deben unirse en una propuesta nacional por un Perú independiente y orientado hacia el socialismo.

Carlos Alarcón Aliaga
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    Más de tres millones y medio de peruanos emigraron en los últimos 33 años. INEI, Nota de prensa Nº 192, 17 de diciembre de 2023.
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    INEI, Indicadores de empleo e ingresos por departamentos 2007-2021, Cuadro Nº 2.5, p. 52
  • 3
    INEI, Perú: Indicadores de empleo e ingresos por departamentos, 2007-2021, Cuadro Nº4.4, p. 307.
  • 4
    PLADES, Programa Laboral de Desarrollo (PLADES), Informe laboral 2014-2018, p. 40, PLADES, Lima, 2019
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    Roberto Abusada, “Desastre laboral” 16-05-2019, El Comercio, https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/desastre- laboral-roberto-abusada-noticia-635722.