Conocer al pueblo para un programa revolucionario

Vendedores Ambulantes

Escrito por: Carlos Alarcón. 
Publicado por primera vez, en la revista Amauta Siglo XXI, en diciembre 2023

Anteriormente, abogamos por un programa que resuelva los problemas de fondo del país, sustentado en el conocimiento científico de nuestra realidad. Ya que el pueblo aspira a un cambio radical, aunque no entienda intelectualmente, lo que es un cambio radical. Por eso en el Perú, las masas acogieron la necesidad de una nueva Constitución, pero con una idea muy vaga, de con qué reemplazarla. En Chile, la movilización de masas impuso la Asamblea Constituyente, pero los asambleístas no entendieron el cambio que aspiraba el pueblo, por lo que la Constitución que propusieron fue rechazada.

Y ahora en Argentina, eligen a un fascista como Presidente, porque era el único que ofrecía cambios aparentemente radicales, y grandes sectores del pueblo argentino se lo creyó. En las situaciones políticas que vive el mundo, el deseo al cambio radical puede abrir paso a la revolución. Pero cuando no se acoge el sentir popular, también da cabida a salidas reaccionarias. Así sucedió con el triunfo del fascismo en Europa de los años 20 y 30 del siglo pasado. Y ahora reaparece, a falta de una alternativa radical de izquierda que interprete el sentido del cambio, y que aspira el pueblo.

Para construir esa alternativa radical y creíble en el Perú, debemos conocer los intereses reales de las clases populares. De lo contrario, antepondremos intereses que le son ajenas. Hay que tener en cuenta que el desarrollo capitalista en el Perú ha provocado nuevas características particulares, en cada sector popular; por lo que debemos precisarlos, para que el programa revolucionario refleje fielmente sus intereses y sentimientos.

El capitalismo no cesa de proletarizar a la población. Día a día, arruina a campesinos y pequeños productores urbanos, para formar una gran masa que solamente dispone de su capacidad o fuerza de trabajo para ganarse la vida, sumándose a los hijos de los trabajadores en actividad, y generando una aguda competencia, por encontrar algún empleo que le permita ingresos económicos para subsistir. Empleo que se hace cada vez más escaso y cada vez mayor, por la incapacidad del capital de brindar trabajo digno, y dado el uso acelerado de nuevas tecnologías, que ocupan poca mano de obra. Tal es la competencia entre proletarios por lograr un empleo, que impulsa a los padres, a realizar grandes sacrificios para calificar las capacidades laborales de sus hijos, lo que es aprovechada por la burguesía para convertir la educación en un suculento negocio.

Sectores populares, artificialmente marginados como inactivos.

La población en edad de trabajar, es la principal fuerza productiva con la que contamos. Y en el 2021, ascendía a más de 25 millones de personas de las cuales, el 72% corresponde a la Población Economicamente Activa PEA. Y un 28%, a la Población Economicamente Inactiva PEI. A esta población, se la denomina inactiva, simplemente por criterios económicos capitalistas. Supuestamente, por no realizar actividad productiva económicamente calificada, porque no tienen ingresos. Sin embargo, en este sector son ubicadas todas aquellas personas que se ocupan de las tareas del hogar, y aquellos que son estudiantes.

Preparar los alimentos, lavar la ropa, mantener la vivienda aseada, y cuidar a los hijos, etc, es un trabajo agotador. Y desempeña una función económica importantísima, en la sociedad. Pero, las estadísticas burguesas lo desvalorizan considerándolas económicamente inactivas.

Estos trabajadores, el 2021 constituían el 64% de la PEI. O sea alrededor de cuatro millones y medio de personas, que brindan apoyo a su compañero o compañera, cuando están laborando como parte de la PEA, de la población económicamente activa. Sin el trabajo de este gran sector, los trabajadores activos y ocupados, no podrían sostener la economía familiar, pues sus salarios reducidos, no les permite contratar personas que se ocupen del trabajo doméstico de la casa. Personas necesarias que se encarguen de las tareas de cocinar, lavar, planchar, asear la casa, y cuidar a los hijos. Mirando el fondo del problema, son los capitalistas los que se benefician con el trabajo doméstico gratuito, permitiéndoles mantener remuneraciones bajas. De lo contrario, tendrían que considerar estos gastos como parte del salario del trabajador, ya que sirven directamente en la reproducción de la fuerza de trabajo.

Las personas dedicadas a los quehaceres del hogar, son parte de la cadena de explotación capitalista. Y contribuyen a la generación de plusvalía, tan igual que un trabajador de limpieza o de mantenimiento del taller.

¿Qué propone el programa para este sector de la población?.

Casi siempre se las ha ignorado, como si resolviendo el problema del trabajador asalariado, se estaría resolviendo el problema de las o los, trabajadores domésticos. Y hasta el movimiento femenino “radical” los tiene descuidados. ¿Es el derecho al aborto o la paridad en las candidaturas electorales su reivindicación principal?. Igualmente, debemos prestar atención a los estudiantes. En la Población Económicamente Inactiva PEI, también se encuentran aquellos pobladores en edad de trabajar que están estudiando. Los estudiantes son una fuerza productiva que está calificando su capacidad o fuerza de trabajo, y su buena o mala preparación redundará en la economía nacional. Pero el Estado lo deja a merced del mercado, para que los capitalistas en la educación hagan su negocio con esa capacitación.

No nos detendremos en este sector, pero no podemos dejar de señalar que la educación no es solo un simple asunto cultural. Sino también de una incidencia económica primordial, y que la gran mayoría lo constituyen pobladores que no son propietarios de ningún medio de producción, y no pueden quedar a merced del mercado.

Los trabajadores independientes, otro sector incomprendido.

¿Qué sucede con esa mayoría proletarizada, que forman parte de la Población Económicamente Activa PEA?.

En el 2021, constituían el 83% de la PEA, es decir, más de 18 millones de peruanos clasificados en dos sectores. Los trabajadores asalariados dependientes, y los trabajadores independientes. De ellos, el 45%, eran los asalariados dependientes, quienes lograron encontrar un capitalista que les compre su fuerza de trabajo. Y el otro 38%, eran aquellos quienes no han tenido tal fortuna, y constituyen los trabajadores independientes.

Recordemos que en el capitalismo, todo se compra y se vende, y que nadie puede vivir sin ingresos monetarios. Los que no consiguen un empleo, se ven obligados a iniciar un negocio de subsistencia, como trabajador independiente, o autoempleado. En el capitalismo imperialista, para que una empresa sea competitiva, requiere un capital muy alto. Y el primer problema, que debe afrontar este poblador proletarizado, para comenzar su negocio, es conseguir un capital inicial, del cual dependerá el futuro de su negocio. Los capitales que pueden reunir esta población proletarizada, son insignificantes para competir y tentar el éxito. Y consiguientemente, los negocios que emprenden, están a la medida de sus micro capitales. Las grandes corporaciones, usan alta tecnología para garantizar una alta rentabilidad del negocio. De allí, que permanentemente se eleva el nivel de capital mínimo necesario para que una empresa sea competitiva. Y es así, que los más grandes capitalistas nacionales para disponer de dichos capitales, se ven obligados a asociarse y someterse al capital transnacional.

Por eso no es casual, que un 38% de la PEA, sean trabajadores independientes. Porque su capital solo les permite adquirir los insumos y herramientas indispensables para autoemplearse, sin capacidad para contratar a algún ayudante. Así mismo no es casual que en el 2018, del total de las empresas nacionales, el 96% sean microempresas,con no más de 10 asalariados. Igualmente, no es casual que los principales sectores económicos en que se ubican, sea de los servicios, con un 33%, seguido de la agricultura, pesca y minería con un 31%. Y el comercio, con 25%.

Debe comprenderse, que el trabajador independiente únicamente brinda algún servicio personal, por algún arte aprendido en la agricultura, en la artesanía, o en un antiguo trabajo antes de ser despedido, o por calificación técnica profesional o universitaria. Los servicios y el comercio, son las actividades de más fácil acceso, por los pequeños montos de capital que requieren. Y muchos de ellos, sin mucha calificación profesional, les basta saber leer y escribir, y las operaciones elementales de la aritmética, para emprender un autoempleo de subsistencia.

En el Perú, existe mucho ingenio para crear ocupaciones, en cuanto el sistema se los permita, o encuentren la oportunidad. Incluso actividades que no requieren capital alguno, o mucha habilidad, como el llamador de pasajeros en un paradero , o el de datero, para el servicio de transporte urbano.

Estos servicios que surgieron espontáneamente, han sido asimilados por las líneas de transporte urbano, y otorga información al chofer sobre algún operativo policial, algún accidente, el estado del tránsito, el tiempo distanciado del vehículo anterior, etc. Igualmente, no hace mucho que en cada esquina concurrida, encontrábamos personas ofreciendo el servicio de telefonía celular. Actualmente, eso prácticamente ha desaparecido, al ampliarse y abaratarse este servicio por las propias compañías telefónicas. Gran parte de estos trabajadores son ex asalariados, por ello, también asumen servicios de mantenimiento y reparación en gasfitería, electricidad, aparatos domésticos, etc.

Pero también hay trabajadores que tienen cierta calificación técnica, como los que se ocupan del mantenimiento y reparación de vehículos automotrices. Llama la atención en este cuadro. que existe un importante 7% de trabajadores con calificación superior, que se autoemplean en actividades científicas y técnicas, servicios administrativos, enseñanza, atención a la salud humana y asistencia social, y actividades artísticas y de entretenimiento. Otros, en cambio, los que no tienen cierta calificación, asumen actividades más sencillas, de rápido acceso y de muy poco capital, como es el comercio minorista, el segundo en importancia después de la agricultura. La gran mayoría de los trabajadores independientes, y gran parte de los micros y pequeños patrones, nacen con el objetivo de no morirse de hambre o de lograr un ingreso que les permitan satisfacer sus necesidades más elementales y urgentes. Por eso, su éxito lo miden en tanto se aseguren satisfacer muchas más necesidades.

La encuesta del INE I para 2017, da cuenta que la gran mayoría de independientes, aduce razones económicas o porque no encontró trabajo. Sólo un 17%, declaró que inició su negocio porque quiere ser independiente, y un 4% por seguir la tradición familiar. No podía ser de otra manera, los ingresos del trabajador independiente son precarios. El mismo INE I indicaba que para el 2017, habían tenido un ingreso promedio nacional de 835.50 soles. Y en el área rural, llegaba a tan solo 501 soles. Y considerando también a los micros y pequeños empresarios, el promedio sobrepasaba apenas los mil soles. Es decir, estos trabajadores no logran un ingreso equivalente al valor del desgaste de su fuerza de trabajo, y son incapaces de vender sus mercancías y su trabajo, por el total de su valor. Por lo mismo, no generan ganancias, no generan el valor de una plusvalía, siendo imposible una acumulación de capital sostenido.

Las condiciones de existencia del trabajador independiente y del microempresario, son extremadamente adversas. Repetimos, en el capitalismo imperialista, para que una empresa sea competitiva requiere un capital muy alto, por lo que el autoempleado y el microempresario deben contentarse con negocios de subsistencia, y de fácil acceso. La mayoría de estos negocios no sobrepasan el primer año de vida, y solo un 17% sobrepasan los 10 años. Únicamente los que se enlazan a una cadena de algún gran capital puede sobrevivir. De allí, que el problema principal de estos sectores sociales no es la informalidad.

Los intereses del trabajador independiente y del microempresario.

La burguesía se afana, en ubicar a los trabajadores independientes como parte de la micro y pequeña empresa, llamadas Mypes. Sin embargo en las Mypes, el 90% no son patrones de nadie, son trabajadores independientes con intereses diferentes a un microempresario, que si tiene algúno o algunos, trabajadores a su servicio. El trabajador independiente, tiene otro tipo de intereses. Y tiene poco en común con la burguesía. Y mucho menos con la gran burguesía, y el capital imperialista. Por eso, le tiene sin cuidado que exista la máxima flexibilidad laboral, porque él no puede despedir a nadie, ni auto despedirse. Tampoco le importa que los trabajadores, como él, tengan 30 días de vacaciones al año, tengan pago doble por trabajo dominical y días feriados, que tengan compensación por tiempo de servicios, etc., porque nunca puede aplicarlo consigo mismo. De qué le sirve al autoempleado, la remuneración mínima, si sus ingresos mensuales no llegan a ese mínimo vital. De qué le sirve, las vacaciones semi pagadas, cuando casi nunca puede salir de vacaciones, etc. Lo mismo sucede con las gratificaciones de Fiestas Patrias y Navidad, aunque solo sean del 50%. Cuando ni le alcanza el dinero para auto gratificarse, o no tiene trabajador a quien otorgarle.

Todo ello, es un sin sentido para el trabajador independiente. Son leyes que no le incumbe, y no le sirven como norma ,si está agobiado por los gastos y por pagos a terceros pendientes. Trabajará todos los días del año sin descanso, domingos y feriados, y lo hará, hasta por más de 12 horas.

Soluciones burguesas, para el auto empleado y la microempresa.

Se sostiene que la fuerza laboral, que ingresa cada año se desperdicia, porque se incorpora al contingente de trabajadores informales. Se dice y acepta hasta la saciedad, que las causas de la informalidad están en la abrumadora tramitación burocrática, es decir, en la “inflexibilidad laboral”. Además de un conjunto de cargas impositivas, y cargas laborales que los pequeños y microempresarios no las pueden cumplir. Por lo tanto, las cargas laborales y tributarias deben ser abolidas o segmentarse. E instaurar normas de flexibilización laboral con recortes de derechos, válidos para el empresario más grande y el más pequeño.

La segunda recomendación, es que ingresen al sistema financiero. Para lo cual deben formalizarse. Pero el sistema financiero, es un negocio capitalista como cualquier otro. No arriesga su plata, si no tiene garantía de recuperarlo con su ganancia respectiva. Por eso el crédito bancario es escaso o nulo para el trabajador independiente y micro empresario, que es escaso en capitales y patrimonio. Así vemos, que el crédito a noviembre del 2021, para las microempresas únicamente, constituía el 1.4%, del total de créditos del sistema.

Y la tercera receta para este sector, es que se conviertan en exportadores. Y es al respecto de esta receta que se dieron una serie de dispositivos para promoverlas, que al fin de cuentas fue aprovechada por la burguesía nacional. Para un pequeño productor carente de capital, de relaciones internacionales, y de experiencia, es casi imposible convertirse en exportador, salvo que se junten formando cooperativas, o logren otras formas asociativas. En realidad, son las corporaciones capitalistas las verdaderas exportadoras.

Hemos querido llamar la atención sobre los problemas estructurales del Perú de hoy, particularmente de las clases populares. Los autoempleados y microempresarios son solo uno de nuestros problemas, y necesitamos conocer su realidad, y necesitamos tener un Programa con los cuales se identifiquen. Nos acecha el riesgo que los trabajadores asalariados dependientes, y los trabajadores independientes, es decir, estos 18 millones de peruanos que en el 2021 constituían el 83% de la PEA, sean ganados por un totalitarismo de derecha.

Carlos Alarcón Aliaga