EL PROLETARIADO: CLASE DIRIGENTE DE LA REVOLUCIÓN O “SUJETO HISTÓRICO”

¿Marx niega la existencia de la naturaleza humana? Y, por otro lado, ¿existe hoy en el siglo XXI, un sujeto revolucionario? Dos preguntas que quedaron sin respuesta en la última presentación colectiva de los libros publicados por la Editorial Ande en la libreria Ciudad Librera, realizado el pasado 2 de julio, a la que asistí gustosamente para presentar mi último libro: El Capital Hoy, Capitalismo y Crisis en el siglo XXI.

Las respuestas que se dieron a tan importantes preguntas, fueron insuficientes y limitadas y por la naturaleza del evento, no llegamos a dar opinión sobre el tema. Sin embargo, por ser un asunto de interés y preocupación actual de todos los interesados en la revolución, especialmente de la juventud que desea conocer el marxismo, es necesario responderlas con detenimiento.

HAY UNA NATURALEZA HUMANA QUE DISTINGUE AL HOMBRE DE OTRO SER VIVIENTE

En respuesta a la primera pregunta, podemos decir que el pensamiento marxista no da pie para considerar que no existe una naturaleza humana. Marx lo abordó desde su juventud, y nunca señaló que no existiera. El mismo Marx fue categórico desde sus primeros manuscritos. El hombre ―en su acepción genérica que integra tanto varones como mujeres― es naturaleza y, por ende, parte de la naturaleza, por eso crítica agudamente a quienes conciben al hombre como un ente extraño y fuera de ella.

Asimismo, para el creador del marxismo, el hombre es cuerpo y espíritu, ambos inseparables, no sólo es cuerpo material, en su organicidad corpórea y social; sino también es espíritu, con sus ideas y conocimientos, sus emociones y sus concepciones históricas, que son frutos del cerebro humano. Por tanto, si el hombre es parte de la naturaleza y se desarrolla en ella, existe también una naturaleza humana que lo caracteriza y lo distingue dentro de la misma naturaleza.

Para Marx, el hombre tiene una relación dialéctica con la naturaleza, y como naturaleza, es parte del reino animal, pero no es un simple animal, cuenta con un espíritu desarrollado y no existe solamente para comer, abrigarse y procrearse como lo hace cualquier animal; el hombre supera la animalidad porque produce mediante el trabajo, y antes de producir diseña en su mente los productos de su trabajo; el hombre crea y transforma la naturaleza en base a “las leyes de la naturaleza y la belleza”1Carlos Marx, “Manuscritos económicos-filosóficos” en Carlos Marx y Federico Engels, Escritos económicos varios, p. 68, Ediciones Grijalbo, México, 1966, crea ciencia y arte. En ese sentido, el hombre produce sus medios de vida, y al hacerlo se produce y se transforma así mismo.

Pero el hombre, además de su relación con la naturaleza, se relaciona de igual manera con los demás seres humanos. Es otra relación dialéctica, no solo de manera natural para procrear su especie, sino también porque adquiere relaciones de cooperación en la producción de los medios de vida, elevando así su fuerza productiva. Resulta que, en el transcurrir histórico, las comunidades, por medio de la división del trabajo y el perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo, elevarán sus fuerzas productivas, generando excedentes de producción y el intercambio de productos.

Este desarrollo social llevó a que en un determinado momento histórico surgiera la propiedad privada y una minoría de hombres monopolizaran los principales medios de producción y la producción misma, quedando la mayoría de personas despojadas de los medios indispensables para producir sus medios de vida. De esta manera, los propietarios adquirieron poder sobre los demás hombres para hacerlos trabajar en su propio beneficio, apropiándose de los frutos del trabajo, y dejando tan solo un mínimo de bienes para la subsistencia de los hombres trabajadores.

LA EXPLOTACIÓN Y LA ENAJENACIÓN CERCENAN LA NATURALEZA HUMANA

Artísta: Tetsuya Ishida

No solo aparece la explotación del hombre por el hombre, sino también la alienación de los trabajadores, que se ven obligados a renunciar a la libertad de producir y crear sus propios medios de vida, para estar a la disposición y decisión de la voluntad extraña de los propietarios; de allí que sus propios productos de su trabajo llegan a ser les ajenos, extraños y enfrentados a ellos, pero que sirven para acrecentar el poder de sus explotadores y eternizar sus cadenas.

Los trabajadores, sean esclavos, siervos o asalariados, se ven sometidos a la explotación y opresión para el beneficio y enriquecimiento de los propietarios. Los hombres desposeídos se ven obligados a centrar sus preocupaciones y aspiraciones únicamente en conseguir algún bien que le satisfaga sus necesidades más elementales de sobrevivencia, como las de cualquier animal, degradando su naturaleza humana. La alienación, pues, deshumaniza a los trabajadores al cercenar sus capacidades de productores creativos, de inventores, de creadores de ciencia y de arte; los pocos hombres que logran hacerlo, no es más que a beneficio de hombres, que le son extraños.

En el mundo capitalista, el trabajador asalariado, aunque consiga vivir mejor y satisfacer sus necesidades corporales, si no rompe su condición de clase dominada y de subordinación, seguirá atrofiado en su naturaleza humana, no superará la situación de animalidad a la que es sometido, no tendrá la libertad para desarrollar todas sus capacidades materiales y espirituales. De allí que Marx señala que: «Una elevación del salario por la fuerza (…) no sería, por tanto, otra cosa que una mejor remuneración de los esclavos, que no conferiría su función y dignidad humanas ni al obrero ni al trabajo.»2Carlos Marx, Óp. Cit., p. 71. Con ello, no quiere decir que los trabajadores deban dejar de luchar por su bienestar, simplemente que esta lucha es limitada si es que no luchan por su completa emancipación.

Para recuperar la condición humana de todos los hombres y mujeres no basta con mejorar las condiciones de explotación de los trabajadores. La emancipación de los trabajadores significa reconquistar su naturaleza humana, recuperar la dignidad humana del trabajo y de los trabajadores. Es decir, adquirir conciencia de clase revolucionaria liberadora de la explotación capitalista y de toda forma de explotación y opresión del hombre por el hombre.

LA CONCIENCIA DE CLASE SE LOGRA EN MEDIO DE UNA CRUENTA LUCHA DE CLASES

Indudablemente, esta meta no está a la vuelta de la esquina, ni surge espontáneamente. Aunque las contradicciones en la base económica de la sociedad hayan llegado a extremos antagónicos e incluso ocurran violentos enfrentamientos de clase, no necesariamente desembocan en una revolución socialista. Para ello los trabajadores deben adquirir conciencia de clase, deben elevarse por encima del interés inmediato de vender mejor su capacidad de trabajo y luchar por su completa emancipación.

Proceso que se desarrolla enfrentando a la tenaz lucha de la burguesía para impedir el desarrollo de la conciencia de clase de los trabajadores y, por ende, de su organización gremial y política con fines revolucionarios. Sin embargo, las propias contradicciones capitalistas y la lucha de la clase trabajadora y del pueblo permiten el progreso de la conciencia de clase, la que se acelera tremendamente en las situaciones de crisis económica y política del capitalismo, por la que el siglo XX fue testigo de sendas revoluciones proletarias y populares triunfantes de orientación socialista y antimperialistas.

La burguesía iba de derrota en derrota, sucumbió junto a la nobleza zarista con la Revolución Bolchevique de 1917 que inició la construcción socialista en el mundo, y a fines de la Primera Guerra Mundial, estuvieron a punto de ser derrotados en los países más avanzados de Europa como fue en Alemania, Italia, Francia, España, Rumanía, si no hubieran contado con el auxilio de los partidos socialdemócratas. Así mismo, el proletariado, liderado por los comunistas, estuvieron a la cabeza de la resistencia fascista en la Segunda Guerra Mundial.

Tenemos, pues, en la historia, y a la vista de todo el mundo al “sujeto revolucionario”3Usamos la palabra “sujeto” para no salirnos del sentido en que se formuló la pregunta con la que iniciamos el presente artículo, a pesar que el propio término “sujeto revolucionario” o “sujeto histórico” es una categoría sacada de la filosofía clásica alemana y no formuladas por Marx o Engels. Por la naturaleza del presente artículo no podemos entrar en mayores desarrollos por lo que simplemente indicaremos que Marx no lo incluyó como categoría en su nueva concepción filosófica y de análisis científico de la sociedad y la historia. Así, en el Manifiesto del Partido Comunista dice que el proletariado es la clase “verdaderamente revolucionaria”[1] y Lenin le da el atributo de ser “clase dirigente” por su papel rector en la revolución socialista en su alianza con el campesinado y demás clases oprimidas, puesto que, con el término “sujeto” se diluye el concepto de clase social., al proletariado organizado, disputando el poder y liderando a las demás clases oprimidas en la lucha contra la explotación capitalista y la dominación colonial y semicolonial del imperialismo.

LA NUEVA ESTRATEGIA CONTRARREVOLUCIONARIA DE LA BURGUESÍA IMPERIALISTA 

Frente a estos acontecimientos históricos la burguesía también aprende y ha asimilado la experiencia histórica de todos estos años. Comprendió que no es suficiente reprimir localmente las luchas de los trabajadores, y debe defenderse globalmente, más aún cuando ya existían países buscando construir una sociedad diferente al capitalismo. También entendió que no puede controlar las leyes económicas capitalistas porque no puede ir en contra de sus propios intereses; y si aceptó ciertos controles después de la Segunda Guerra Mundial, fue por las condiciones excepcionales de ese entonces, pues, las burguesías nacionales de Europa (Alemania, Francia, Italia, Inglaterra) y tambien Japón, se encontraban completamente en ruinas. Y la amenaza del socialismo era una realidad concreta, por el alto grado de organización de los trabajadores y el prestigio, de ese entonces, de la Unión Soviética.

En consecuencia, se adoptó una nueva estrategia en el campo capitalista, esta vez, centralizada y comandada por la burguesía imperialista norteamericana. Ésta afinó su puntería contra la clase verdaderamente revolucionaria, la más organizada, y capaz de liderar y centralizar las luchas populares contra el capitalismo y la dominación imperialista. Su objetivo primordial fue desorganizar y dispersar a los trabajadores, domesticar a los sindicatos, a los partidos políticos de izquierda, pero, sobre todo desmoralizarlos ideológicamente para mantenerlos alienados, degradados al simple interés de satisfacer las necesidades corporales como cualquier animal, sacrificando su libertad y su condición humana para el enriquecimiento y poderío del capital.

La burguesía imperialista, bajo la dirección norteamericana, dispuso todo su poder económico, político, militar e ideológico para implementar su estrategia contrarrevolucionaria a nivel mundial. Al principio, en los países desarrollados, aceptaron realizar concesiones laborales de forma temporal, periodo que se llamó Estado Bienestar, para que una vez recuperadas sus fuerzas y alcanzados sus objetivos, se implantase el neoliberalismo, y se volviera a quitar dichas concesiones. Es por ello, que ahora vemos como descienden los salarios reales y restringen los derechos laborales en Estados Unidos y Europa, y la jornada laboral llega a sobrepasar las ocho horas para alcanzar una remuneración más o menos suficiente. Los empleos, que por su naturaleza son parte del proceso productivo, son tercerizados para que además de quitar derechos económicos, se debiliten sus sindicatos originales y restrinjan e impidan su sindicalización. Asimismo, en las estadísticas oficiales, se inflan los indicadores del sector servicios, para dar la imagen de la desaparición de la clase trabajadora.. La flexibilización laboral, se implantó mediante leyes draconianas, para atemorizar a los trabajadores con el despido laboral, y se impusieron los contratos de trabajo a plazo fijo o sin contrato. Y ahora no hay país, donde el trabajo precari,o sea una realidad de grandes proporciones en todo el mundo capitalista.

De igual manera, el capital restringe, cada vez más, su capacidad de generar empleo mientras no cesa de generar proletariado. Hombres y mujeres que solo cuentan con su fuerza o capacidad de trabajo para subsistir, y al no tener la suerte de encontrar un capitalista que los contrate, se ven obligados a iniciar cualquier negocio de sobrevivencia, y hoy son mal llamados “emprendedores”. Por eso no es casualidad que, en la Unión Europea, antes de la pandemia, el 93% de las empresas sean de micro empresarios, y en países como España, más del 50% sean de trabajadores independientes que se autoemplean4Un análisis más completo se encuentra en el capítulo IX de Carlos Alarcón, El Capitalismo Hoy, Capitalismo y Crisis en el Siglo XXI, Editorial Ande, Lima, 2022..

Pero, esta estrategia no estuviera completa si no se derrotaba antes, a la Unión Soviética y a todo país que pretendiera el socialismo. Para eso se inventó el fantasma satánico de la invasión comunista y desataron lo que se llamó la “guerra fría”. Pero por más errores y críticas que se le atribuya a la Unión Soviética, nunca tuvo como política internacional invadir Europa, primero porque era totalmente inconveniente a su desarrollo interno y segundo, porque militarmente no llegó a ser superior a Estados Unidos y a Europa, agrupados en  La Alianza del Atlántico Norte (OTAN). De allí que la burguesía imperialista no escatimó recursos para desprestigiarla en todos sus extremos, cada error, real o inventado, era aprovechado para convencer a los trabajadores y al pueblo en general ,que no existe otra alternativa social y económica más que el capitalismo.

Indudablemente la burguesía imperialista, se ha anotado puntos importantes en sus objetivos por mantener la enajenación del trabajo y la explotación. Ha desorganizado a los trabajadores destruyendo sindicatos y partidos políticos. Es por ello, que no es extraño que en estas condiciones, no se haya producido aún una revolución socialista en los países capitalistas más avanzados, y se haya atenuado significativamente en los países atrasados. El mundo capitalista está sufriendo una profunda crisis desde el 2007-2008, particularmente en los países más avanzados, la que se ha recrudecido a partir del 2019, y fue llevada a situaciones nunca antes vistas, por la pandemia del COVID-19, donde la burguesía aparece además, capeando tranquilamente el temporal, en contraste a los tremendos sufrimientos de los trabajadores y el pueblo, con privaciones múltiples y varios millones de muertos, quienes aparecen resignados a su suerte.

Y no es que el pueblo no lucha y resiste, hemos sido testigos de grandes movilizaciones en Estados Unidos, en Francia, Italia, España, Grecia, Alemania, Inglaterra, Chile, Bolivia, Venezuela, Perú, etc., etc. y lo seguiremos viendo; pero todas estas luchas son dispersas y no cuestionan el capitalismo como un sistema de explotación y opresión, por falta de organización y dirección política, demostrando en los hechos históricos el gran acierto de Lenin en su libro ¿Qué hacer? que la conciencia de clase, la conciencia socialista no surge espontáneamente, ya que el socialismo es fruto de profundos conocimientos científicos, por lo que es tarea del partido revolucionario trasmitirlo al movimiento espontáneo de los trabajadores5Ver, Vladimir Ilich Lenin, ¿Qué Hacer?, Capítulo II. Ediciones de Lenguas Extranjeras, Pekín, 1975.

LA ESTRATEGIA DE LA BURGUESÍA IMPERIALISTA CONTINÚA

Al caer la Unión Soviética ya no había pretexto para la “guerra fría”, sin embargo, ésta continúa. La OTAN ya no tiene razón de ser, pero sucede todo lo contrario, sigue expandiéndose para cercar a Rusia, China y Corea del Norte. Y es porque la estrategia de la burguesía imperialista no ha terminado, y nunca apuntó a impedir una invasión militar comunista de Europa, sino a combatir y a liquidar todo riesgo al sistema capitalista. Y ahora se apresta hacer lo mismo con la República Popular de China, que, aunque hayan hecho negocios con ellos, es un símbolo para la humanidad. El imperialismo burgués no puede tolerar que un Estado dirigido por un Partido Comunista y de ideología marxista-leninista les gane la competencia económica y tecnológica en su propio terreno, y peor aún, cuando anuncian que en el centenario de su revolución pasarán al socialismo6XIX Congreso Nacional de PCCh, Texto Íntegro de Resolución Sobre el Informe del Comité Central del PCCh, p. 4, http://spanish.xinhuanet.com/2017-10/24/c_136702832.htm.

Por eso, no es extraño el alineamiento de la burguesía imperialista europea con la norteamericana en la guerra contra Rusia en territorio ucraniano.  La recuperación de la burguesía europea los alentó a formar la Unión Europea para anular su subordinación a Estados Unidos; pero el miedo al comunismo revolucionario es mucho más fuerte, porque saben que las leyes capitalistas producirán crisis más profundas, más desigualdad social, más pobreza7Ver Carlos Alarcón, El Capitalismo Hoy, Capitalismo y Crisis en el Siglo XXI, Editorial Ande, Lima, 2022. y, más pronto que tarde, los trabajadores también asimilarán sus experiencias y retomarán el camino revolucionario. Por eso, antes que eso ocurra, enfilan su lucha abierta contra China, declarándola su enemiga principal.

Es asi que, circunstancias históricas particulares han llevado a la alianza de China con Rusia. El interés norteamericano en la caída de la Unión Soviética no sólo era su derrota política, sino también desmembrarla y debilitarla para que no pudiera ser competencia económica y militar. Allí los ingenuos rusos burgueses que creyeron las promesas de ayuda norteamericanas, pues, una vez liquidada la Unión Soviética y desmembrada territorialmente, los abandonaron a su suerte. Pero, gracias a que la Unión Soviética dejaba una avanzada infraestructura industrial, un sofisticado poderío nuclear y aeroespacial y toda la experiencia y capacidades productivas, es que en el periodo de Putin, la economía logra recuperarse y disputar a los norteamericanos el mercado europeo.

Entonces, la preocupación estadounidense no es simplemente por la disputa económica, sino también por el tremendo poderío militar y nuclear ruso. Por eso, agudizaron las contradicciones con Rusia, obligando al gobierno de Putin a afirmar sus alianzas con los países asiáticos, y de manera especial con China, pasando de acuerdos en lo económico, a lo político, y luego a lo militar. De allí que la estrategia yanqui de cercar militarmente a China se extiende a Rusia instalando bases de la OTAN en los países fronterizos, en la que Ucrania se torna estratégica, pues los misiles nucleares estadounidenses estarían a tan solo 5 minutos de Moscú, la capital rusa. En la inminencia del riesgo, el gobierno ruso tomó la iniciativa de invadir Ucrania para impedir que se convierta en base nuclear yanqui.

Es por ello que, en la guerra ruso-norteamericana en territorio ucraniano, está en juego no solo el cerco norteamericano a Rusia y la disputa del mercado europeo o la supremacía económica del mundo, sino también el destino del capitalismo y su reemplazo por el socialismo, puesto que el asombroso desarrollo de China, está liderado por un partido comunista, que se ha ratificado en el marxismo-leninismo, y se han propuesto en el Centenario de su Revolución, es decir, en el año 2049, pasar a la fase socialista. Por estas razones se produce la alianza de los países capitalistas e imperialistas de EEUU y Europa, que como fondo prevalece el miedo al resurgimiento de las revoluciones comunistas, de lo contrario, no se puede entender la subordinación lacayuna de los gobiernos europeos para involucrarse en una guerra que solamente trae daños a sus economía y sufrimientos a sus pueblos con carencias de bienes indispensables y el aumento exuberantes de precios.

EL CANTO DE TRIUNFO EFÍMERO DE LA BURGUESÍA IMPERIALISTA

Después de la caída de la Unión Soviética, la burguesía imperialista cantó victoria en todo el mundo y sus epígonos repartidos en cada país anunciaron el “fin de la historia” afirmando que no habría otra alternativa para el capitalismo más que el capitalismo, que ya no había imperialismo, sino un imperialismo sin imperio. Y por supuesto, que ya no habría  «sujeto revolucionario”.

Pero, la burguesía imperialista sabe que su triunfo no puede ser duradero, sino liquida al marxismo y al leninismo, la doctrina que ha inspirado todos los movimientos revolucionarios del siglo XX. Los epígonos burgueses fueron incapaces de refutar la teoría marxista que sobresalía invicta en cada combate ideológico. Para la burguesía imperialista no se trata de derrotar cualquier teoría socialista, sino la que fue esbozada por Carlos Marx y Federico Engels, ya que es la única que apunta al meollo de todo sistema de explotación y opresión del hombre por el hombre, la liquidación de la propiedad privada.

Marx y Engels demostraron científicamente que la raíz de todos los males que genera el capitalismo está en la apropiación de los medios sociales de producción y de toda la producción emanada del trabajo social, y que no lo entregan a nadie para satisfacer sus necesidades mientras no se les pague el precio que piden; de allí que, el que no tiene dinero no podrá satisfacer sus necesidades e incluso puede llegar a morirse de hambre. El Informe de OXFAM a enero de 2022 nos dice que la desigualdad social contribuye a la muerte de 21,300 personas al día en el mundo. Es decir, las desigualdades sociales contribuyen a la muerte de al menos una persona cada cuatro segundos.8OXFAM, Las desigualdades matan, p. 9 Oxfam Internacional, enero de 2022.

Con la caída de la Unión Soviética la burguesía imperialista redobló su campaña contra el marxismo, repitiendo que su derrumbe es la prueba del fracaso del pensamiento de Carlos Marx, como si él desde su tumba hubiera estado dictando a los gobiernos revisionistas lo que deberían hacer. Desgraciadamente la izquierda, ya sea por desmoralización, debilidad ideológica o por oportunismo, se hizo eco de los cánticos modernistas y postmarxistas.

Sin embargo, las contradicciones capitalistas siguieron su curso y se han agravado con el neoliberalismo. Las desigualdades sociales, la pobreza, la sobreexplotación de los países atrasados, etc. y sobre todo las crisis económicas que extreman los sufrimientos de los trabajadores y del pueblo, no tardaron en hacer surgir en los países movimientos políticos de recusación al capitalismo y que en América Latina llegaron a ser gobierno como en Bolivia, Venezuela, Brasil, Ecuador, Nicaragua, etc.  Al calor de estos movimientos sociales el marxismo volvió a ser de interés general, en especial de la juventud rebelde y de la intelectualidad que se han visto en la necesidad de “volver a Marx” para entender los nuevos fenómenos sociales.

Un “regreso”, que como todo movimiento social se realiza en el fragor de la lucha de clases. La burguesía imperialista, al no poder frenar el resurgimiento de marxismo, invierte millonadas, para desnaturalizarla y hacer que el “regreso de Marx” sea sin su pensamiento revolucionario y mucho menos acompañado de Lenin. Lamentablemente, en este afán, también existen intelectuales que se dicen de izquierda, y obnubilados por la campaña burguesa se proponen “construir un nuevo Marx” respetuoso de los intereses de todas las clases, incluidos los de la burguesía imperialista, y se ilusionan con una sociedad no capitalista, que incluso llaman socialista, que está sustentada en la propiedad privada, en una economía de libre competencia, con las instituciones políticas de la democracia burguesa, y en este tipo de sociedad suponen que los valores del egoísmo burgués desaparecerán junto con la corrupción.

Sin embargo, estos planteamientos, son viejísimas concepciones que el propio Marx criticó desde 1845 y que, en el siglo XXI, no significa otra cosa que mantener el capitalismo imperialista. Para los revolucionarios, al igual que en otras ocasiones en la historia, es nuevamente retomar a Marx, y no por fe dogmática, sino porque su teoría corresponde a la realidad, y porque es la única que comprende las raíces del capitalismo, nos señala el objetivo revolucionario, y nos brinda los instrumentos para hacerlo, por medio del materialismo dialéctico y el histórico, para desbrozar el camino que nos lleve a terminar con toda forma de explotación y opresión del hombre por el hombre, recuperando la libertad y la dignidad humana del trabajo y de todos los hombres.

Lo que la burguesía imperialista no puede anular, sin liquidarse ella misma, son las contradicciones económicas, sociales, políticas e ideológicas del sistema capitalista, las mismas que motivaron el surgimiento del socialismo marxista. Por eso Marx, el revolucionario, nuevamente regresa, a pesar que tantas veces antes, la burguesía lo dio por muerto. Los trabajadores y el pueblo sacarán sus propias lecciones y más temprano que tarde reanudarán sus luchas por el socialismo y el comunismo, y romperán las barreras que traban su organización revolucionaria, iluminados por la ciencia marxista que también se abrirá paso entre calumnias, mentiras, tergiversaciones y falsificaciones de los mistificadores, de ls dogmatizadores y negadores de su teoría científica.

La burguesía imperialista es consciente de esta realidad, y sabe que su canto de triunfo es efímero, por más que lo haga resonar por todos los medios de comunicación que controla. Por eso desespera y no ve soluciones más que en el terreno militar, mostrando su disposición a una confrontación nuclear, es decir, su voluntad de sacrificar a toda la humanidad, con tal de no perder sus dominios y privilegios. Los campos están trazados, y no puede haber neutralidad ingenua y cómplice con la burguesía imperialista.

NOTAS

Carlos Alarcón Aliaga
  • 1
    Carlos Marx, “Manuscritos económicos-filosóficos” en Carlos Marx y Federico Engels, Escritos económicos varios, p. 68, Ediciones Grijalbo, México, 1966
  • 2
    Carlos Marx, Óp. Cit., p. 71.
  • 3
    Usamos la palabra “sujeto” para no salirnos del sentido en que se formuló la pregunta con la que iniciamos el presente artículo, a pesar que el propio término “sujeto revolucionario” o “sujeto histórico” es una categoría sacada de la filosofía clásica alemana y no formuladas por Marx o Engels. Por la naturaleza del presente artículo no podemos entrar en mayores desarrollos por lo que simplemente indicaremos que Marx no lo incluyó como categoría en su nueva concepción filosófica y de análisis científico de la sociedad y la historia. Así, en el Manifiesto del Partido Comunista dice que el proletariado es la clase “verdaderamente revolucionaria”[1] y Lenin le da el atributo de ser “clase dirigente” por su papel rector en la revolución socialista en su alianza con el campesinado y demás clases oprimidas, puesto que, con el término “sujeto” se diluye el concepto de clase social.
  • 4
    Un análisis más completo se encuentra en el capítulo IX de Carlos Alarcón, El Capitalismo Hoy, Capitalismo y Crisis en el Siglo XXI, Editorial Ande, Lima, 2022.
  • 5
    Ver, Vladimir Ilich Lenin, ¿Qué Hacer?, Capítulo II. Ediciones de Lenguas Extranjeras, Pekín, 1975
  • 6
    XIX Congreso Nacional de PCCh, Texto Íntegro de Resolución Sobre el Informe del Comité Central del PCCh, p. 4, http://spanish.xinhuanet.com/2017-10/24/c_136702832.htm
  • 7
    Ver Carlos Alarcón, El Capitalismo Hoy, Capitalismo y Crisis en el Siglo XXI, Editorial Ande, Lima, 2022.
  • 8
    OXFAM, Las desigualdades matan, p. 9 Oxfam Internacional, enero de 2022