JOE BIDEN Y EL FUTURO COLONIAL DE AMÉRICA LATINA

El 20 de enero Joe Biden, del partido demócrata, asumió el poder en los Estados Unidos, creciendo las especulaciones sobre su política internacional en el resto del mundo. En un escenario de crisis mundial y pandemia por el coronavirus, retumban las siguientes preguntas ¿Podemos hablar de Imperialismo con el nuevo gobierno de Joe Biden? ¿Existe un futuro independiente a la política exterior de Estados Unidos para América Latina? Trataremos de abordarlo sucintamente.

El imperialismo, fase superior del capitalismo ¿a qué nos referimos?

Cuando Marx escribió El Capital, demostró que la libre competencia capitalista provocaba la concentración y centralización de la producción en pocas manos, mientras que; socializaba el proceso productivo a gran escala; y que, en cierta fase de su desarrollo, esta concentración conducía al monopolio. En ese sentido, la era de los monopolios es una fase consustancial del propio devenir del sistema capitalista.

A comienzos del siglo XX, los monopolios ya habían alcanzado una supremacía total en los países avanzados – entre ellos Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania – pero cierto tipo de monopolio se erigió sobre todos los demás; el monopolio bancario, quien asimiló bajo sus dominios a la industria y el comercio de sus países; creando lo que hoy denominamos capital financiero; quienes, desde lo político, terminaron combinándose con sus gobiernos. La acumulación de capital y la reducción de la tasa general de ganancias impulso a estos monopolios a buscar ganancias extraordinarias fuera de sus propios países.

Es por ello, que estos grandes bancos, se caracterizaron por exportar sobre todo capital – capital en la forma de préstamos, inversiones y medios de producción – hacia los países menos desarrollados en América Latina, Asia, África y Oceanía, lo que produjo que al poco tiempo; un pequeño número de bancos logre monopolizar todo el mercado, formándose una oligarquía financiera mundial muy poderosa. Quedando el mundo dividido entre un puñado de estados usureros y una gran mayoría de estados deudores.

A esta fase, Lenin lo denominó Imperialismo, y es la época en que se impone a nivel mundial la supremacía del capital financiero monopólico sobre todas las demás formas de capital existentes, un capital de naturaleza rentista y parasitaria, altamente concentrado y centralizado, quienes a través de sus gobiernos buscan dominar (someter)  económica, política y militarmente a los países del capitalismo atrasado,  convirtiéndolos en países dependientes, en colonias; o semicolonias que actúan en afinidad a los intereses del gran capital transnacional, atrapados en las redes de la diplomacia  y dependencia financiera de los países imperialistas

“La oligarquía financiera rodea con una tupida red de relaciones de dependencia todas las instituciones económicas y políticas de la sociedad burguesa contemporánea sin excepción; tal es la manifestación más llamativa de este monopolio”[1]

Habría que remarcar, además, que ni el monopolio ni la exportación de capitales, por sí solos, generan que el capitalismo sea imperialista, es sobre todo por su necesidad de controlar mercados en disputa con otros monopolios, que los incita a subordinar países, configurando la fase imperialista del capitalismo. La competencia entre estos grandes monopolios imperialistas, genera contradicciones de poder, fricciones y conflictos agudos por el reparto de los mercados del mundo; muchas veces abierto por medio de guerras, entre ellas las guerras mundiales; y otras veces enmarcados en una paz relativa, en una alianza poco duradera, que terminan siendo la antesala de futuros conflictos.

Colonialidad y dependencia ¿En qué radica nuestra colonialidad?

La oligarquía financiera; al mismo tiempo que busca eliminar otros competidores a escala mundial; busca establecer alianzas con las burguesías de los países de capitalismo atrasado donde pone sus inversiones.

Por un lado, las burguesías nacionales necesitan asociarse con los capitales extranjeros pues no cuentan con los capitales necesarios que les permita explotar los recursos del propio territorio o producir bienes y servicios con capacidad de competir con el mercado nacional o internacional de forma independiente. Al estar estos mercados controlados por el gran capital monopolista requieren contar con tecnología avanzada e inversiones lo suficientemente grandes para poder competir en ellos; requiriendo a su vez, la experiencia necesaria que exige un negocio de tal envergadura[2].

En América Latina, incluso, algunos exportadores, mejor dotados; que se desempeñaron como proveedores al consumo español, después de la independencia debieron abastecer a mercados mayores y más exigentes, viéndose obligados a asociarse con el gran capital extranjero o, de lo contrario, atraerlos para que bajo su sombra puedan desarrollar alguna empresa subsidiaria y/o intermediaria promoviendo políticas entreguistas al imperialismo [3].

Por otro lado, el capital imperialista, en su interés de obtener ganancias extraordinarias, y contrarrestar la caída de la tasa de ganancia en sus propios países; exporta su capital, y sale a disputar mercados en el mundo; y para ello; utiliza todos los medios que tenga a su disposición con el fin de asegurarse suministros presentes y futuros (materias primas y agroindustriales).

Y para obtener el máximo beneficio, interviene en los asuntos políticos con el fin de presionar a los gobiernos para obtener menores costos de inversión, mejores condiciones de explotación y exportación, ventajas comerciales, mercado para sus manufacturas; y el control geopolítico del territorio, si fuera necesario, para hacer frente a su competencia o rivales mayores.

En ese sentido, el capital nacional y el imperialista encuentran afinidad en sus intereses; y rápidamente el capital imperialista logra desplazar, subordinar o absorber a las burguesías locales. Estas se vuelven sus intermediarias o subsidiarias; y se convierten en los principales sostenedores de la dominación foránea. Se genera en ellos una concepción política e ideológica de subordinación; quienes actúan al lado de sus gobiernos para impulsar escenarios favorables para sus inversiones asociadas.

Así observamos, desde el principio y hasta hoy día, los países de capitalismo atrasado compiten entre ellos por atraer a los capitales de las empresas multinacionales ofreciéndoles la mejor tasa de ganancia” (Carlos Alarcón; 2020).

Entre ambos, condenan el desarrollo nacional e industrial propio del país por su relación de dependencia. Con tecnología altamente desarrollada, la demanda de puestos de trabajo se reduce, condenando a un gran sector de la población a trabajos independientes o micro empresas de subsistencia. Desde nuestra posición latinoamericana viene a ser, la pérdida de soberanía y autodeterminación de nuestros pueblos.

El imperialismo estadounidense en América Latina (AL) ¿Cuáles son las bases políticas y económicas?

Si quisiéramos situar el inicio de la política imperial de Estados Unidos (EU), nos remontaremos a 1823 con la doctrina Monroe, que se resume en la frase «América para los americanos» o, dicho de otro modo, ya más coloquialmente “América para los estadounidenses”. El término fue formulado por John Quincy Adams, y atribuido al presidente James Monroe; el cual estipulaba que EU estaba dispuesto a enfrentar cualquier intervención europea que choque con sus intereses comerciales y geopolíticos sobre AL.

En la misma línea, para 1845 aparece el Destino Manifiesto, un discurso que promovía a Estados Unidos como un país elegido por la providencia para expandirse por todo el continente, que le permitió anexionarse en aquel entonces de un vasto territorio mexicano. En 1888 el Corolario Rutherford Hayes, añadido a la doctrina Monroe; estimaba que el Caribe y Centroamérica también eran parte de la “esfera de influencia exclusiva” de los EU.

En 1904, el Corolario Roosevelt, la segunda enmienda a la doctrina Monroe; señalaba que, si un país latinoamericano y del Caribe situado bajo la influencia de los EU amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno de EU estaba obligado a intervenir en los asuntos internos del país “descarriado” para reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas.

Posteriormente aparecería el ideario anticomunista Wilsoniano, las doctrinas de Truman y Nixon diseñadas para el control financiero mundial y para el impulso de una política anticomunista frente a la Unión Soviética. Vendrán luego, las políticas imperialistas de George H.W. Bush padre e hijo; Bill Clinton, Barack Obama y Donald Trump, todos ellos con sus matices y diversas formas de intervencionismo, diplomacia y política exterior.

Durante todo el S. XIX y XX el interés de los EU fue acceder a los recursos y control geopolítico de AL. Para ello, en alianza con las burguesías, grupos políticos y militares promovió golpes de estado en beneficio de sus empresas y para detener la expansión comunista en la región.

Para el S. XXI, ese interés no ha cambiado, ya que AL cuenta con una proporción importante  de las reservas minerales del planeta: el 68 % de las reservas de litio (Chile, Argentina y Bolivia), el 49 % de las reservas de plata (Perú, Chile, Bolivia y México), el 48 % de las reservas de cobre (Chile, Perú , México), el 33 % de las reservas de estaño (Perú, Brasil y Bolivia), el 26 % de las reservas de bauxita (Brasil, Guyana, Surinam, Venezuela y Jamaica), el 23 % de las reservas de níquel (Brasil, Colombia, Venezuela, Cuba y República Dominicana), el 19 % de las reservas de hierro (Brasil, Venezuela y México), y cuenta con la mayor reserva de petróleo mundial (Venezuela) lo que representa el 13% de la reserva del mundo; entre otros.

Principales instrumentos de dominación imperialista. Un panorama integrado.

Los principales instrumentos de política exterior que cuenta EU y que usa para controlar los países de capitalismo semicoloniales de AL son:

1) El control económico financiero a través del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), quienes a través de los préstamos imponen políticas económicas neoliberales (comercial y financiera) en base al Consenso de Washington. Se suman el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización Mundial del Comercio OMC. Al ser países dependientes, la deuda externa, se convierte en un potente instrumento de sometimiento político. Solo para el 2020 la deuda de AL ascendía al 81% del PBI, siendo Brasil, México y Argentina los más endeudados[4]. Asimismo, estas organizaciones tienen la posibilidad de coactar y son capaces de generar sanciones económicas en relación a los estipulados de EU. Uno de ellos, de trascendencia histórica, es el bloqueo económico a Cuba, y hoy a Venezuela.

2) El control monetario a través del dólar. Estados Unidos obliga a los gobiernos a mantener sus reservas en dólares; y obtenerlos (comprar bonos) de su Reserva Federal. Ello obliga a su vez a los bancos de reserva a cuidar su devaluación para no afectar sus riquezas ni las ganancias que obtiene el capital pro imperialista en sus naciones por el comercio internacional. En algunos países, la dependencia ha llegado al extremo de perder toda soberanía monetaria, optando por la dolarización del país (Panamá, Ecuador y El Salvador).

3) Los Tratados de Libre Comercio (TLC), donde EU ha impuesto reglas, leyes y políticas a su favor, anulando el poder soberano de los países para decidir sus políticas en favor de sus productos nacionales. Los TLC le ha permitido a EU expandir su mercado de productos e inversiones y obtener el control de sectores estratégicos, salvaguardando los intereses de sus empresas trasnacionales. Asimismo, ha profundizado su vínculo con los capitales nacionales de AL, profundizando su rol como proveedores de materias primas, y consumidores de productos industrializados y de tecnología[5]. Asimismo, los TLC son supranacionales para los países de AL, pero simples acuerdos comerciales, inferiores a la Constitución y a las leyes federales de los EU; es decir; si se pretende por algún gobierno modificar o contravenirlos, se enfrentan a la jurisprudencia internacional dominada también por ellos[6]

4) La asistencia económica que brinda la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional USAID, la cual define su política institucional en consonancia con la estrategia de seguridad nacional de los EU. Tiene presencia en 16 de 21 países de AL y se la acusó y vinculó con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Formó parte de las estrategias desestabilizadoras de AL, entre ellas; el Plan Condor (1975) en apoyo a regímenes dictatoriales de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, donde hubo secuestros, asesinatos y desaparición de millares de personas vinculados a sectores políticos de izquierda[7]. En el 2012, fue nuevamente acusada, por los países del ALBA, de financiar ONGs, grupos religiosos, partidos políticos y medios de comunicación para desestabilizar legítimos gobiernos que no son afines a los intereses de EU[8].

5) La asistencia militar, que se encuentra dentro y fuera del territorio de AL, que actúan en defensa de los intereses estadounidenses bajo la dirección de la CIA; y que ha ocasionado más de 28 intervenciones militares en la región colocando gobiernos bajo su control. Este intervencionismo estuvo fuertemente marcado por la eliminación de los grupos comunistas surgidos en la región; pero hoy se reviste en el marco de una lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo.  Cuenta con más de 800 bases militares a lo largo del mundo, de éstas; 76 en América Latina: 12 en Panamá, 12 en Puerto Rico, 9 en Colombia y 8 en Perú. A su vez existen otras, denominadas cuasi bases que son instaladas mediante negociaciones informales, y acuerdos tácitos con los gobiernos afines[9] . A esto se suma, la IV flota naval, reactivada en el 2008 responsable de todas al operaciones en America Latina.

6) La injerencia política directa, realizada a través de la Embajada de los EU y la Organización de los Estados Americanos OEA, quienes forman coaliciones directas con las burguesías locales y el poder económico, político y militar de carácter nacional e internacional. Uno de ellos fue el “Grupo de Lima” (2017) que agrupó a más de 11 países para impulsar la intervención en el país bolivariano de Venezuela y la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca TIAR con la finalidad de defender la colonialidad y dependencia con el gobierno y el capital estadounidense.

7) La maquinaria cultural e intelectual posicionada a través de los Think Thank (centros de pensamiento) en el campo académico y de la investigación social.  Son grupos de investigación privados y sin fines de lucro, como centros de estudios, unidades de investigación gubernamentales, organizaciones consultoras, etc., que funcionan a los márgenes de los procesos políticos formales de una nación y cuyas ideas dan forma a los programas políticos y gubernamentales, definiendo el perfil de los debates políticos a todo nivel. Son un instrumento sumamente eficaz, una red articulada de intereses, para influenciar en la opinión pública, utilizando los medios de comunicación y eventos académicos para canalizar sus ideas.

¿Qué nos puede ofrecer Joe Biden para el futuro de AL?

Tanto el imperialismo como nuestro rol de semicolonias, son elementos centrales para comprender y transformar América Latina. Su configuración cambia en relación a la correlación de fuerzas del mundo. Para inicios del S. XXI, el imperialismo estadounidense, se ha visto debilitado con la injerencia de otros grandes capitales con los que compite en AL, entre ellos la Unión Europea y China; sin embargo, junto con la Unión Europa, todavía representa el 81% de la inversión en toda la región (CEPAL, 2020).

El imperialismo norteamericano continuará sin importar si su presidente se comporte como un bravucón, sea de piel oscura, de rasgos chinos, descendiente de latinos, mujer o un ferviente religioso; lo que prima en última instancia y define su relación con los demás países, son sus intereses económicos y geopolíticos, los que están detrás de sus formas de hacer política.

Por ello, – y dependerá de la profundización de la crisis económica- que, en el nuevo periodo presidencial, los EU busquen recuperar los mercados latinoamericanos. Significa, además, que seguirán interfiriendo en los destinos del pueblo de Venezuela y Cuba, promoviendo el grupo de Lima u otros grupos, y haciendo uso de sus principales instrumentos de dominación a lo largo de toda la región, en el marco de su política de influencia para no perder el dominio económico y geopolítico de la región.

El Dow Jones, el periódico más importante de Alemania, visibilizó la orientación geopolítica del nuevo presidente estadounidense, a raíz de un comentario sobre su rol en AL:

“(Joe) Biden describió la creciente influencia de China en América Central y del Sur como una amenaza para la seguridad nacional (EU). La razón, según él, es la falta de liderazgo del gobierno saliente (Donald Trump). México es ahora el único país grande de la región que todavía sigue muy ligado económicamente a Estados Unidos. Para el resto de la región en su conjunto, China es el principal socio comercial”[10].

Joe Bide expresa así su concepción imperialista. Para él, como fue tambien con los anteriores presidentes, AL tiene que estar ligado a EU, cualquier inversión que no esté ligado a ellos serán consideradas amenazas a su seguridad nacional. Pero no es solo la injerencia de EU lo que determina el destino de AL, un futuro libre de imperialismo, significará a su vez, la liberación no solo del capital imperialista, sino sobre todo del capital intermediario de nuestras burguesías nacionales, el cual, por su condición de subordinación económica, política e ideológica, no podrán liderar ningún proceso de cambio ni desarrollo regional, están imposibilitados de conducir cualquier desarrollo estratégico interno, ya que dependen de los intereses del capital extranjero.

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