MEDITACIONES SOBRE LA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO
72° aniversario del triunfo de la Revolución China

Hemos leído el artículo de Domenico Losurdo “¿China se ha convertido al capitalismo? Reflexiones sobre la transición del capitalismo al socialismo” publicado en Horizontes del Sur1Aprendamos de la República Popular China y nos ha suscitado las siguientes ideas que creemos importante compartirlas porque somos de la opinión, que existe un sentimiento de derrota en los socialistas marxistas cuando se refieren a las experiencias socialistas del siglo XX. Cuanto más oportuno en razón del 1º de octubre que se celebra el aniversario del triunfo de la Revolución China, cumpliendose 72 años de lucha por construir el socialismo, y quienes se han propuesto como meta alcanzarla en el centenario de su revolución.

El capitalismo y el imperialismo tuvieron una gran victoria con el derrumbe de la Unión Soviética, pero, también tuvieron otra gran victoria con la derrota ideológica de los socialistas marxistas que vivimos en el bloque capitalista. Derrota auto infringida en gran medida por la incomprensión de los procesos socialistas y de una apreciación dogmática de los ideales comunistas que deberían imponerse o “aplicarse” en cualquier tiempo y lugar con el solo hecho de tomar el poder.

De esta manera, el proletariado y los pueblos del mundo han quedado desarmados política e ideológicamente y así tuvieron que resistir, a su modo, las agresiones burguesas a consecuencia de la crisis económica del 2007-2008, y ahora deben hacer lo mismo frente a una nueva crisis agravada por la crisis sanitaria mundial del coronavirus, más por responsabilidad de los gobiernos que prefieren proteger los negocios capitalistas antes que la vida del pueblo. Al proletariado y a los pueblos, aun les espera mayores sufrimientos con consecuencias impredecibles, y muy pocos hoy se plantean alternativas que busquen superar el capitalismo.

En este contexto, Losurdo nos incita a reflexionar sobre las experiencias socialistas de la Unión Soviética y la República Popular China, sin haberlos sentenciado previamente de “burgueses”, “burocracias”, “capitalistas de estado” o “revisionistas”.

“Socialismo real” o “construcción socialista”

En primer lugar, Losurdo parte planteando bien la problemática del llamado “socialismo real”. Rigurosamente, no son capitalistas, pero, tampoco socialistas, son procesos de transición del capitalismo al socialismo. Una etapa heroica en que el proletariado, con sus líderes a la cabeza, se atreven a transformar el mundo en condiciones muy difíciles, mucho más en países de capitalismo atrasado y “dependientes” como fueron los casos de Rusia y China, luego Cuba, Vietnam y, últimamente, Venezuela, para los cuales no existía experiencia alguna o un manual que diga cómo hacerlo.

Aniversario por los 100° años del PPCH

De esta manera, Losurdo no quiere usar el término de “socialismo real”. De hecho, el término induce a considerar que esos procesos son en realidad el socialismo; el socialismo real es así y no como lo delinearon en su generalidad Marx, Engels y Lenin y demás pensadores comunistas revolucionarios.

En este proceso de transición y en tales condiciones se cometieron errores y se seguirán cometiendo; pero eso no induce a Losurdo a condenar a las revoluciones de Rusia y China como revisionistas y parte reconociendo la existencia de una voluntad por construir una sociedad socialista. Esta consideración es sumamente importante para estudiar estas experiencias, porque nos coloca en la intencionalidad de sus actores, de lo que quieren conseguir.

Todas las experiencias revolucionarias tienen un norte claro: el socialismo y el comunismo. El problema que tienen que resolver es cómo alcanzar tales fines. Sólo en este sentido son países socialistas.

El socialismo no es colectivización en la pobreza

Economía sovietica

El autor considera acertadamente que el socialismo no es la colectivización de la pobreza. El socialismo para Marx es plenamente factible porque el desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo lo ha puesto al orden del día. Para Marx, la supresión de las desigualdades sociales, la diferenciación del trabajo manual e intelectual, del campo y la ciudad, etc. es posible a condición de un alto desarrollo de las fuerzas productiva y de la abundancia, que permitan el desarrollo integral de las personas.

El Partido bolchevique nunca se propuso hacer comunismo en la pobreza, de allí su gran esperanza inicial de la revolución mundial y que los países avanzados les apoyen en desarrollar sus fuerzas productivas y su capacidad tecnológica. Sin embargo, cuando fracasa la revolución en Alemania, se tuvo que iniciar la construcción socialista en las condiciones más adversas. Lo importante de esta situación, es que no se derrumbaron ni abandonaron su objetivo socialista.

Se trataba, ahora, de superar el atraso de Rusia y el hambre generado por la guerra mundial y la guerra civil con sus propios medios. Eso explica la nueva política económica (NEP) y luego los planes quinquenales, pero que desde la perspectiva de la izquierda idealista vio en dicho proceso, una marcha atrás; hacia el capitalismo.

Economía China

Por otro lado, no nos gusta el calificativo de “populista” que usa Losurdo en su análisis, porque se confunde con el “populismo burgués” usado para afianzarse en el gobierno, y porque la posición en el partido bolchevique no pretendía alagar a las masas, sino que anteponía el ideal comunista a la realidad concreta. Asimismo, Pierre Pascal usa este término en referencia a pueblo y desde su lógica católica simpatizante con el socialismo. Su socialismo es de las primigenias comunidades cristianas en que los ricos se despojaban de todas sus riquezas para vivir en una comunidad de pobres y hacerse merecedor del reino de Dios.

El asombroso desarrollo económico de la Unión Soviética en la época de Stalin es comparable económicamente al de China, pero son dos formas diferentes de hacer la transición. Lo común en ambos es el objetivo socialista, la dirección de los partidos comunistas y la planificación en todos estos procesos. El bienestar de los trabajadores y el reconocimiento real de los derechos en la Unión Soviética son incomparables con cualquier otro país capitalista.

El papel heroico del proletariado en la construcción de la patria socialista

En la experiencia soviética, de la época de Stalin, un elemento clave para su desarrollo fue la convicción ideológica del proletariado ruso y de todo el pueblo de estar construyendo una nueva sociedad, un mundo nuevo. Este hecho primordial en la experiencia soviética casi nadie lo toma en cuenta. Sin ello, habría sido imposible ganar la guerra civil y superar la hambruna en la primera década de la revolución bolchevique e indudablemente, no habría pasado Rusia de ser un país atrasado a ser la segunda potencia económica mundial, ni menos haber derrotado al ejército Nazi en la segunda guerra mundial. Todo eso se logra con una férrea conciencia de clase y confianza en sus líderes, el cual dota a los hombres de espíritu de lucha y sacrificio para derribar todo obstáculo. Esta gesta heroica tiene marcado a la sociedad rusa y ahora el capitalismo es impotente para sacarlo de la historia. Pero, también, esta historia es parte de la historia de la revolución socialista mundial.

Losurdo explica la caída de la Unión Soviética por la anarquía de la producción al interior de las empresas soviéticas, pero que contrasta con el férreo control político de la sociedad. Es un fenómeno todavía no esclarecido y habría que seguir estudiándolo. En la misma línea, la lectura nos hizo recordar un viaje que hicimos a Finlandia y se tuvo la oportunidad de conversar con unos estudiantes uruguayos que regresaban a su patria antes de la caída del muro de Berlín, y coincidiendo con Losurdo, comentaban  el desgano y la desidia de los trabajadores en sus labores cotidianas y lo explicaban diciendo: “como lo tienen todo y saben que si los despiden cuentan con seguro de paro, además ni siquiera se preocupan de buscar otro trabajo porque saben que el Estado, lo hará por ellos”.

Sin embargo, creemos que hay otros factores que contribuyeron a la caída de la Unión Soviética. Se tiene la hipótesis que se desarrolló una burguesía subterránea no vista o subestimada por la Unión Soviética. Esta burguesía, inicialmente pequeña por su número y manejo de capital, fue tolerada y luego ignorada, pero con los años creció su poder obteniendo favores del Estado, corrompiendo a funcionarios y también a directores de los koljoz para adquisición ilegal de semillas, fertilizantes, uso de maquinarias, etc., así también con las fábricas para tener privilegios, como, por ejemplo, ser abastecedores de insumos. Esta situación proliferó en las últimas décadas y no fue tanto la diferenciación de sueldos lo que corrompió y aburguesó a la burocracia, surgiendo intereses burgueses para restaurar la propiedad privada y poder hacer sus negocios libremente.

Un segundo elemento es el relajamiento del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que abandonó el control y la vigilancia de la penetración ideológica burguesa y la lucha contra la corrupción que, prácticamente, lo consideraron inexistente. La lucha ideológica y la formación marxista pasaron a segundo plano, y al parecer sería un efecto de la campaña contra el “totalitarismo” de Stalin.

Un tercer elemento, es la acción del imperialismo, que nunca aceptó la existencia de un país socialista, ni lo permitirá en el futuro, y usarán todos los medios para derribarlas dentro y fuera del mismo. La Unión Soviética solo puso el acento en la posibilidad de una invasión armada y descuidó la invasión política e ideológica que terminó penetrando al propio PCUS. La forma tan fácil y rápida como se desmoronó la URSS lo corrobora; aquí no fueron las masas populares las que se rebelaron contra el poder soviético.

China, la construcción del poder popular y la dirección del Partido Comunista Chino (PCCH)

Losurdo comenta la organización del poder popular, antes de la toma del poder en el 49, que incluían la organización de la economía en territorios liberados, en la que se combinaban diversos sistemas productivos, incluidas las relaciones capitalistas. En contraste, el grupo terrorista Sendero Luminoso (SL), que se enarboló el pensamiento de Mao Zedong en el Perú, nunca lo comprendió así, para ellos la guerra popular era solo una acción militar y no un medio de construcción de poder popular. En cada zona liberada, el PCCH asumía la tarea de dirigir y organizar la economía campesina, e incluso se encargaba de comerciar sus productos fuera de las zonas liberadas. Por el contrario, SL obstaculizaba la economía campesina y prohibía la comercialización de sus productos como estrategia de desabastecer a las ciudades.

Otro aspecto central, es la comprensión que el capital se asienta donde tiene las condiciones de hacer ganancias, es decir, invierte sus capitales en los lugares y en los momentos que le aseguren una alta rentabilidad, no tiene como objetivo reducir la pobreza ni las desigualdades sociales, como tampoco el desarrollo regional y local o la protección de la naturaleza; de allí las desigualdades sociales y el atraso en muchas regiones con pueblos que han quedado en el olvido. La espontaneidad del mercado no garantiza la descentralización ni la eliminación de la pobreza y profundiza las desigualdades sociales; de allí la importancia de la planificación y la dirección de los partidos comunistas en la producción y la economía nacional. Losurdo no comenta estos elementos, sin los cuales sería imposible inducir a la burguesía a contribuir en el desarrollo de un país, y menos hacia el socialismo. Sólo así se puede entender la cita que hace de Mao: “la expropiación política total de la burguesía, que no equivale a la expropiación económica”.

En la Unión Soviética se desarrolló una burguesía que ni el PCUS ni el Estado lo vieron o no le dieron la debida importancia y nunca se propusieron aliarse ni dirigirlos. Sin embargo, se desarrollaron en la sombra e infectaron al Estado, a la economía y al PCUS. En cambio, en China a la burguesía se les reconoce como tales y se les garantiza su propiedad y sus ganancias a cambio de desarrollar las fuerzas productivas, y así los tienen “neutralizados” políticamente. Eso es posible por el rol dirigente del Estado y del PCCH y la burguesía viene jugando un papel para alcanzar las metas de cada plan quinquenal. En tales condiciones, es sumamente difícil que la burguesía se constituya como clase y asalte el poder. Pero, no olvidemos que, a falta de ello, el imperialismo lo suple con creces.

En la construcción socialista, los trabajadores y todo el pueblo no pueden perder el sentido histórico de su lucha.

Por último, debemos discrepar con la siguiente afirmación de Losurdo: “La política adoptada por Den Xiaoping deja por otra parte, un claro dato histórico: la experiencia ha demostrado que la economía totalmente colectivista borra todos los incentivos materiales y los motivos de la competencia, allanando el camino (como lo hemos visto) a la falta de compromiso y al ausentismo.”

The 100th anniversary of the Communist Party (Photo by Kevin Frayer)

Primeramente, esta sentencia, en clara alusión a la Unión Soviética, no es tan cierta, porque toma el comportamiento de los trabajadores soviéticos en su última etapa e ignora toda su gloriosa historia de entrega, de trabajo sacrificado y de heroísmo para enfrentar el hambre, la construcción de la patria socialista desde un país atrasado y devastado por la guerra, salir victorioso derrotando al ejército Nazi en la segunda guerra mundial y volver a reconstruir la patria socialista después de la guerra sin ayuda de nadie. Y no faltaron los incentivos, pero fueron fundamentalmente de carácter colectivo, por eso los trabajadores y el pueblo ruso alcanzaron un bienestar sin precedentes, que obligaron a la burguesía europea a imitarlos para evitar la caída del capitalismo.

El presidente Xi Jinping al proponerle a los trabajadores chinos alcanzar el socialismo en el centenario del triunfo de la Revolución China, le está brindando un norte, una meta a alcanzar, que está a la base de todos sus éxitos a pesar de la pandemia del COVID-19 y de la crisis económica mundial.

Si los trabajadores pierden el sentido histórico de su lucha, no ven claro el norte socialista y comunista a construir, de nada sirven los incentivos materiales porque, igualmente, trabajarán a desgano, disminuirán la producción, porque no habrá incentivos para todos. Esto es lo que quiso hacer la Unión Soviética en los periodos finales de su vida; se incentivó la competencia entre empresas y entre trabajadores y, a pesar de ello, la producción siguió cayendo y la corrupción se hizo incontrolable. Y es que se interpretó que la crisis económica de la Unión Soviética era igual a cualquier crisis capitalista y las medidas que se implementaron no hicieron otra cosa que derrumbar el sistema. La crisis económica de la Rusia soviética fue diferente a las crisis económicas capitalistas; en éstas falta dinero en los bolsillos del pueblo para comprar toda la gran producción burguesa, por el contrario, en la crisis soviética  faltaron productos porque la producción siguió disminuyendo pese a los incentivos, faltó trigo, faltó combustible, etc. que Estados Unidos, conscientemente, se negó venderles para ahondar la crisis.

No hay un modelo de construcción socialista, es creación heroica de los pueblos

Como decíamos, no hay un manual de cómo organizar la sociedad socialista. Marx y Engels vislumbraron en términos generales lo que configuraría la sociedad comunista, pero también comprendieron que esta sociedad no podría alcanzarse de inmediato por lo que habría aún una etapa previa, el socialismo, también pensada en sus líneas generales. Todo ello se complica cuando en la realidad la construcción socialista se inicia en países de fuerzas productivas atrasadas y con una resistencia feroz del capitalismo que no quiere sucumbir; de allí que surgieron corrientes que pregonan, en un voluntarismo a-histórico, que sostienen que mejor habría sido no iniciarla, olvidando que son precisamente los pueblos atrasados los que ya no pueden soportar las angustias y sufrimientos que el capitalismo ocasiona y los incita a rebelarse. Por eso no hay un camino ya trazado de construcción socialista.

Todo lo dicho nos lleva a que no debemos transformar una experiencia en un dogma, válido para cualquier época histórica y lugar. La construcción socialista debe quedar abierto a las realidades de cada país y a las condiciones históricas en que deba desarrollarse, sin dejar de tomar en cuenta las lecciones que deja cada experiencia histórica de construcción socialista.

Notas

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