VIGENCIA DEL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA EN EL SIGLO XXI

Tantas veces se ha anunciado la muerte del comunismo, pero todos los días es combatido sin tregua ni piedad. No hay acto o pronunciamiento popular que la gran burguesía no vea una señal de comunismo e, incluso, cualquier opinión nacionalista o de corte progresista no sea tildado de comunista.

No cabe duda que desde que se publicó en febrero de 1848 el Manifiesto del Partido Comunista la burguesía ya no puede tener tranquilidad. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, hay tantas referencias que quedaron en el pasado, pero sus “principios generales” permanecen vigentes y han sido verificados científicamente y confirmados por los hechos históricos.

El Manifiesto Comunista destaca el rol histórico del capitalismo y como ha reemplazado vínculos patriarcales, familiares, religiosos, etc. por el frío interés monetario, por “las aguas heladas del cálculo egoísta”. Por primera vez se muestra las tendencias del capitalismo desde su nacimiento en el sistema feudal europeo y su expansión por todo el mundo, creando el mercado mundial que hoy llamamos “globalización”.

Marx y Engels lo pronosticaron al decir que: Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países”[1]. Del mismo modo, diagnosticaron que el capitalismo: “ha subordinado el campo a la ciudad, ha subordinado los países bárbaros o semibárbaros a los países civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente”[2], configurando su fase imperialista. Y han señalado con precisión que: “La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción”[3] en tanto sirvan a la producción de ganancias.

Pero, el Manifiesto Comunista no solo ha señalado las tendencias económicas, sino también las políticas, al precisar que: El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.”[4]

Sin duda, hay muchos aportes más del Manifiesto Comunista que no nos podemos detener  a revisar en este breve artículo, y por ello, solo tocaremos los más atacados en el intento de quitarle su filo revolucionario.

La historia hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.

Del conjunto de todas las relaciones sociales, las relaciones de producción son las principales y desde que apareció la división social del trabajo entre el manual y el intelectual y la propiedad de los medios sociales de producción, surgió la división de hombres y mujeres en dos clases fundamentales, los poseedores de los medios de producción y los desposeídos. El grupo de personas que se apropió de los medios de producción, dominarán a los desposeídos haciéndoles trabajar para enriquecerse.

Por eso, el Manifiesto comienza diciendo que la historia “es la historia de las luchas de clases”. Amos y esclavos, patricios y plebeyos, señores terratenientes y siervos, maestros y oficiales, es decir explotadores y explotados, opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, velada unas veces y otras en forma franca y abierta.

El capitalismo no ha eliminado las contradicciones de clase, ha sustituido las viejas clases por otras; y ahora todo gira en torno de la contradicción entre capitalistas y trabajadores. Miles de veces ha sido negada y otros miles de veces ha sido confirmada por la realidad. La burguesía, al no poder ocultarlas, las acepta, pero negando su raíz en la posesión o desposesión de los medios de producción, y en la posición de las personas en las relaciones sociales de producción.

Para los capitalistas las clases sociales se definen por su capacidad de consumo y son las clases A, B, C, D e incluso E, con las que desaparece los intereses de clase. Este mismo criterio sirve para resumir las clases en alta, media y baja; y como nadie quiere herir su prestigio social, una gran cantidad de proletarios se sienten halagados cuando son ubicados como clase media.

Pero, lo que la burguesía no puede aceptar de ninguna manera es la existencia de la lucha de clases. Aceptarla, significa reconocer que en todos los aspectos de la sociedad priman los intereses de clase del gran capital nacional y extranjero, que se imponen despóticamente en las relaciones capital-trabajo, en el libre mercado que solo sirve para lucrar con las necesidades y la vida de las personas, en el Estado para garantizar sus intereses y bloquear los derechos y reclamos de los explotados y oprimidos.

Esta situación de dominio obliga a las clases explotadas y oprimidas a defender sus derechos, organizándose, movilizándose, haciendo huelgas, etc. A los trabajadores y al pueblo les ha costado grandes jornadas de lucha para el reconocimiento legal de sus derechos durante los siglos XIX y XX. Por eso, el capital imperialista ha contra atacado para quebrar las organizaciones de los trabajadores y derrotar a la Unión Soviética y que, una vez logradas, ha desplegado el neoliberalismo para quitar los derechos laborales y democráticos, neutralizar los sindicatos y el derecho a la huelga bajo la amenaza del despido del trabajo, etc. Por eso, la lucha de clases es ésta dominación burguesa, y existe aunque las clases oprimidas no tengan capacidad de defensa y no estén movilizándose o haciendo huelgas.

La lucha de clases no es un estilo ni un método de hacer política, – como afirmara ingenuamente en su momento, el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa -. La lucha de clases existe en la realidad social y es una consecuencia de la división de la sociedad en propietarios y no propietarios de los medios de producción.

El capitalismo ha simplificado las contradicciones de clase: Burgueses y proletarios

 

En el Manifiesto Comunista leemos:

“Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.”[5]

Estamos, pues, ante la tendencia más vapuleada del Manifiesto Comunista y de la teoría económica y social del marxismo. La clase obrera, nos dicen, es cada vez más minoritaria.

Resulta que la burguesía, para juzgar el Manifiesto Comunista, utiliza las categorías de la “ciencia” burguesa, por lo que hablan un idioma diferente al de Marx. En “El Capital”, los trabajadores asalariados son siempre la clase obrera, porque en el capitalismo la principal relación de producción es entre el capital y el trabajo asalariado y nunca la relación capital-obrero o capital-empleado. Por ello, la clase obrera son todos los empleados y no la simple categoría laboral que la burguesía usa en sus fábricas.

Por otra parte, Marx usa la palabra obrero en su amplio significado, el obrero es el trabajador, la persona que trabaja y produce desde que apareció en la faz de la tierra. Así, al señalar que el trabajo humano aventaja al de los animales, como el de la araña o de la abeja, porque antes de ejecutar la obra primero lo proyecta en su mente, dice:

“Al final del proceso de trabajo, brota un resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir, un resultado que tenía ya existencia ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su fin, …”[6]

Ser obrero es ser productor y es connatural al ser humano y está presente en toda su historia. Al dividirse la sociedad en clases sociales, los obreros son los que se dedican a trabajar para que otros vivan y se enriquezcan con su trabajo; los propietarios de los medios sociales de producción. En el capitalismo, el obrero es el proletario como lo define Federico Engels:

“Por proletarios se comprende a la clase de los trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir”.[7]

Pero, la fuerza de trabajo, ha sido entendida como si se tratara solo de fuerza física, obviando el despliegue de conocimientos, experiencia e inteligencia del trabajador. Marx lo define con claridad:

“Entendemos por capacidad o fuerza de trabajo el conjunto de las condiciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre y que éste pone en acción al producir valores de uso de cualquier clase.”[8]

Tenemos, pues, que fuerza de trabajo y capacidad de trabajo significan lo mismo e incluyen  todas las facultades espirituales presentes en la personalidad del trabajador, como la voluntad, amor u odio al trabajo, emociones de ira y congoja, concentración, conocimientos, inteligencia, habilidades, etc.

El capitalista compra estas capacidades de trabajo para que realicen un trabajo colectivo y produzcan las mercancías que ha de vender en el mercado. Este trabajo social es un proceso en la que intervienen diferentes personas, con diferentes calificaciones y habilidades.

Así, Marx nos dice:

“En una fábrica, los peones no intervienen directamente en la elaboración de la materia prima. Los obreros encargados de vigilar a los que trabajan en esas faenas de elaboración son ya una categoría un poco superior; los ingenieros trabajan principalmente con la cabeza. Pero el resultado es el producto de este conjunto de obreros, que poseen fuerza de trabajo de distinto valor […]. El tipo de producción capitalista se caracteriza, en efecto, por el hecho de separar y encomendar a personas distintas los diversos trabajos, intelectuales y manuales; lo cual no impide que el producto material sea el producto común de todas estas personas ni que este producto común se traduzca en riqueza material; ni tampoco que cada una de estas personas sea, con respecto al capital, un obrero asalariado, un obrero productivo en el sentido más elevado de la palabra. Todas estas personas, además de trabajar directamente en la producción de riqueza material, cambian directamente su trabajo por dinero considerado como capital y reproducen, por tanto, directamente, además de su salario, una plusvalía para el capitalista.”[9]

En este obrero colectivo se funden todas las capacidades de los trabajadores, las que venden a cambio de un salario y brindan a su capitalista una plusvalía. Clase proletaria no es sólo el que elabora directamente un producto, sino todos los trabajadores que intervienen en su producción. Los capitalistas no pueden prescindir de la clase trabajadora, por eso su principal empeño está en dividirlos y con esa misma finalidad realizan la tercerización laboral, por medio de la cual se recategorizan a trabajadores de actividades indispensables en la producción como trabajadores terciarios y sin derechos laborales.[10]

Esto desbarata la categorización burguesa y hace ver que la clase trabajadora o clase obrera mantiene su fuerza y su rol en el sistema capitalista. Pero aún hay más, solamente hemos hablados del proletariado que ha logrado vender su capacidad de trabajo, veamos lo que sucede con los que no tienen la fortuna de venderlo.

La tendencia a la proletarización de la sociedad capitalista es imparable.

En su avance por el mundo el capitalismo va desintegrando o subordinando los modos de producción del pasado, va desarraigando de su tierra y de sus medios de producción a miles y miles de campesinos y artesanos formándose una clase social nueva, el proletariado. La proletarización de la población siempre ha sido superior a la capacidad de empleo del capital, generándose una superpoblación relativa que Marx llamó “ejército industrial de reserva” porque constituía una fuente de mano de obra a las necesidades de expansión del capital y para mantener los salarios bajos. Marx y Engels usaron indistintamente las categorías de clase obrera y clase proletaria, porque si bien se generaba un ejército industrial de reserva, con proletarios que no logran vender su fuerza de trabajo, tarde o temprano lo harían, según las observaciones empíricas y los límites de la estadística de la época que le tocó vivir.

En el siglo XIX y bien entrado el siglo XX este ejército industrial de reserva se presentaba más equilibrado en los países capitalistas desarrollados europeos, por lo que se atribuía un fenómeno exclusivo de los países subdesarrollados. Esta tendencia al sobrecrecimiento del ejército industrial de reserva fue imperceptible en esas épocas porque había un desfogue del exceso de proletarios europeos que emigraban a Australia y al Nuevo Mundo donde encontraban mejores fuentes de trabajo y mejores oportunidades de tierras desplazando a las poblaciones indígenas, muchas de ellas a sangre y fuego, como significó la “conquista del oeste” norteamericano. Además, la primera y segunda guerra mundial, aparte de repartirse el mundo, también le sirvió al capitalismo para destruir parte del exceso de fuerza de trabajo.

Hoy, en el siglo XXI, por un lado, la tendencia al crecimiento de la proletarización y la incapacidad del capitalismo de brindar empleo se ha acrecentado y, por otro lado, ya no hay poblaciones indígenas con tierras apetecibles para ser desplazadas, u otra guerra mundial como desahogo del exceso de población proletarizada. En estas circunstancias tenemos que millones de personas proletarizadas no encuentran un capitalista a quien vender su capacidad de trabajo y se ha producido un crecimiento de trabajadores independientes (llamados autónomos en Europa) y, en menor medida, de los micro empresarios, que representan el 93% de las actividades económicas de la Unión Europea,[11] asemejándose a los países subdesarrollados.

Estos proletarios al no encontrar empleo se ven obligados a refugiarse en un negocio de subsistencia, porque en el capitalismo todo se compra y se vende y nadie puede vivir sin ingresos. Se ven obligados, por distintos medios, de hacerse un pequeño capital e iniciar el negocio más fácil y accesible a su pobreza, especialmente el pequeño comercio y los servicios.

Esta situación es tomada por los epígonos del capital para organizar sus estadísticas y argumentar la reducción del proletariado porque gran parte de la población económicamente activa se dedican a labores terciarias. Ocultan deliberadamente que la casi totalidad de este sector son trabajadores independientes que no tienen capacidad de contratar mano de obra, son fundamentalmente autoempleados, y su economía es de subsistencia sin ninguna capacidad de acumular capital. Esta realidad los hace semiproletarios, y todos los programas políticos de ayuda no les sirven de nada, porque están dirigidos a la pequeña burguesía, no se dan cuenta que tienen sus propios intereses, muy diferentes a cualquier fracción burguesa.[12]

Los trabajadores asalariados y el semiproletariado constituyen más del 80% de la población económicamente activa de los países capitalistas, que confirman la tendencia señalada en el Manifiesto Comunista que Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.”

El capitalismo ya no puede controlar las fuerzas infernales que ha creado

El capitalismo buscando las máximas ganancias ha copado el mundo y ha desarrollado fuerzas tecnológicas nunca vistas, con una capacidad productiva suficiente para resolver el hambre en el mundo; pero, no lo hace porque no está dispuesta a entregar los productos que tiene acaparados mientras no le paguen el precio que pide.

Su afán de ganancia lo lleva a producir para ganar más en una carrera de acumular capital por acumular, hasta que hay exceso de mercancías en relación a la capacidad de compra de la población. En este atasco el capital financiero otorga préstamos rápidos y fáciles, no solo para la producción, sino también para el consumo, creando una demanda ficticia y las crisis se postergan.

En esta carrera las burbujas económicas crecen hasta que revientan, como la crisis del 2007- 2008, de las que el capitalismo nunca se ha recuperado y se anunciaba una gran recaída para el 2020 cuando llegó la pandemia. El COVID-19 lo único que ha hecho es profundizar la crisis a niveles nunca vistos.

Hay una gran certeza cuando el Manifiesto Comunista dice: “Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros.”[13]

La crisis que el mundo está viviendo ha desenmascarado de cuerpo entero al capitalismo. Por privilegiar los negocios y la especulación capitalista ningún país capitalista desarrollado ha podido enfrentar la crisis sanitaria; frente a China, Cuba, Vietnam, incluso Venezuela, son un ridículo completo.

Sabiendo de sus carencias sanitarias por entregar la salud a la voracidad del lucro privado, los países capitalistas no han dispuesto los recursos necesarios para contrarrestar la epidemia, de allí que en un año ya van 2 millones y medio de fallecidos por el COVID-19[14], el cual debe ser duplicado por las muertes debido a las desatenciones que se han dado de las otras enfermedades.

Pareciera que la burguesía está aprovechando para deshacerse del exceso de proletariado que nunca podría darle trabajo, pues son terroríficas las noticias que en Madrid y en New York se han dejado de atender intencionalmente los albergues de adultos mayores jubilados.

¿Qué ha pasado con los sepultureros del capitalismo?

La situación económica y política del mundo actual parece desdecir lo que Marx y Engels decían del proletariado en 1847: “Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios.”[15]

Los sufrimientos del proletariado por la crisis del 2008 y la crisis mundial que estamos viviendo son tremendos. Ya antes de la pandemia, el recorte y la anulación de los derechos laborales eran imparables, millones de trabajadores perdieron su trabajo, sus ahorros y sus casas en los países desarrollados.

Tal era el sufrimiento que entre el 2007 al 2017 en España se suicidaron 17 mil personas por razones económicas.[16] A ello se suma los millones de muertos a raíz del COVID-19 en el último año, los millones de trabajadores que han perdido su empleo, sus remuneraciones y millones de trabajadores independientes han perdido sus precarios negocios, etc.

Y las respuestas de los trabajadores son dispersas, algunas de impacto mundial como las movilizaciones en Estados Unidos, Francia, La India, Bélgica y España, entre las más conocidas. Solamente las movilizaciones del pueblo chileno han tenido un norte político contra el neoliberalismo. Pero ninguna de ellas cuestiona al sistema capitalista.

Esta situación del proletariado mundial no se debe a que el Manifiesto Comunista se equivocó. Después de su publicación el proletariado mundial desarrolló luchas históricas que han marcado el rumbo histórico en los siglos pasados.

A la Comuna de París de 1872 le siguió la gran revolución proletaria en Rusia de 1917 que inició la primera experiencia mundial de construcción de una sociedad alternativa al capitalismo, sacando a este inmenso país del subdesarrollo a constituirse en la segunda potencia mundial que fue capaz de derrotar al poderoso ejército nazista de Hitler. Luego vendrían las revoluciones de China, Corea, Cuba, Vietnam, etc. y un amplísimo movimiento de liberación nacional en África, Asia y el Medio Oriente.

Sucedió que la burguesía imperialista también aprendió y desplegó una contraofensiva en varios frentes:

1) Derrocar a la Unión Soviética acosándola con la “guerra fría” y una campaña ideológica mundial de desprestigio como alternativa al capitalismo.

2) Domesticar a las dirigencias de las organizaciones sindicales, integrándolas al sistema burgués.

3) Asimilar a los partidos obreros para que asuman posiciones políticas de integración al sistema y renuncia al marxismo revolucionario y;

4) Campaña ideológica, jamás vista en la historia, con todos los medios de comunicación, televisión, radio, cine, escuelas, universidades, iglesias, etc. para convencer que sólo existe una alternativa social, el capitalismo.

Domesticadas las organizaciones sindicales y políticas y derrocada la Unión Soviética desplegó todas las banderas del neoliberalismo pasando a recortar derechos laborales y sindicales, pero sobre todo imponer la flexibilidad laboral, otorgando capacidades legales a la burguesía para despedir a todos aquellos que intenten organizar sindicatos. Por estas razones, por ejemplo, en el Perú solo un 5% de trabajadores están sindicalizado.

Esta situación es la que explican que el proletariado no pueda organizar una respuesta contundente frente a las agresiones que viene recibiendo de parte de la burguesía, y faltos de una ideología y partidos revolucionarios no enrumben sus luchas para finalizar este sistema económico, social y político que amenaza no sólo a los trabajadores sino a toda la civilización humana.

Toca pues, aprender las lecciones, superar esta desorganización, liquidar la flexibilización laboral, etc. Sobre todo, organizarnos en un partido revolucionario como lo pide el manifiesto Comunista y desarrollar una amplia lucha política e ideológica por los intereses históricos del proletariado del Perú y del mundo, en forma independiente, desterrando el seguidismo a los gobiernos y políticas burguesas.

Notas:

[1] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto del Partido Comunista, p. 37, Ediciones de Lenguas Extranjeras, Pekín, 1975.
[2] Ibid., p. 38
[3] Ibid., p. 36.
[4] Ibid., p. 35.
[5] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto, Óp. Cit., p. 33.
[6] Carlos Marx: El Capital I, Óp. Cit., pp. 130-131.
[7] Carlos Marx y F. Engels, Manifiesto, Óp. Cit., p. 32.
[8] Ibid.,   p. 121
[9] Carlos Marx, Teorías 1, Óp. Cit., p.224.
[10] Ver Carlos Alarcón, “El Capital” hoy, Capitalismo y crisis en el S. XXI, capítulo II.
[11] Círculo de Empresarios, La empresa mediana española, Informe anual 2018, p. 81.
[12] Ver Carlos Alarcón, Óp. Cit., capitulo IX.
[13] Carlos Marx y Federico Engels, El manifiesto, Óp. Cit., pp. 39-40
[14] https://news.google.com/covid19/map?hl=es-419&gl=PE&ceid=PE%3Aes-419
[15] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto, Óp. Cit., p. 41
[16] HISPANTV, “17 mil españoles se suicidan desde 2007 por causas económicas”, HISPANTV, 16-06-2018, Link https://www.hispantv.com/noticias/sociedad/380119/espana-problemas-economicos-crisis-suicidios.

One Reply to “VIGENCIA DEL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA EN EL SIGLO XXI”

  1. El problema es siempre la defensa de China, Cuba y Venezuela que han devenido en dictaduras tan nefastas como el imperialismo reaccionario.

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